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"Una ola de cuatro metros nos sorprendió"

Funcionarios de Salud estaban prestando servicios en la comunidad de Río Caña en Chiriquí Grande, Bocas.


Comenzamos a pedirles a los compañeros que intentaran llegar a la lancha. Una ola de cuatro metros nos había embestido con toda su furia y arrojado al agua, algunos pedían auxilio, pero todos estaban cansados y golpeados, para ayudar.
Alfonso Vaz iba en la lancha y escuchó lo gritos de sus compañeros dispersos en el agua tras el golpe de la ola.
Todavía nervioso, cansado y golpeado, pero en la seguridad del portal de su casa, describe la tragedia, que dejó dos muertos y varios funcionarios de Salud heridos, quienes formaban parte de una comitiva del presidente, Martín Torrijos, para hacer anuncios en el área comarcal, Ngöbe Buglé.
Vaz dijo que Dios quería que terminara de criar a sus hijos, argumentando que no era su hora de morir.
A la comunidad de Río Chiriquí llegamos en helicóptero, pero por el mal tiempo la aeronave no pudo realizar otro viaje, y decidimos que el sábado en horas de la mañana continuaríamos y nos trasladaríamos a Chiriquí Grande.
Habían dos embarcaciones que salían al mismo destino (Chiriquí Grande) y decidimos regresar con ellos. Un compañero mio se fue en una lancha y yo en la otra, sin pensar que este incidente se iba a dar.
Fuimos sorprendidos por una gran ola que nos golpeó contra los arrecife y volteó la lancha. Todos nos dispersamos en el agua, y yo logré sostenerme de los arrecifes, mientras escuchaba los gritos de los compañeros. Me mantuve sereno lo que me ayudó a dirigir a los compañeros hasta la lancha.
Luego el conductor de la lancha se me unió y comenzamos a pedirle a los compañeros que trataran de llegar a la lancha. Algunos así lo hicieron, faltando el doctor Vicente Alvarado Vásquez, quien por circunstancias de la vida fue arrastrado por las corrientes marinas. "Escuchábamos cuando pedía auxilio, pero ninguno de nosotros estábamos en condiciones de prestarle ayuda, porque estábamos cansados de luchar y bastante golpeados".
Lo único que hacíamos era pedirle que nadara en dirección a donde nos encontrábamos, pero de pronto no lo escuchamos más.
La enfermera Priscila Torres Espinosa no la escuchamos en ningún momento, y pensamos que ella fue golpeada al impactar la lancha con los arrecifes; ya que todos gritábamos, pero ella lamentablemente nunca pidió ayuda.
El señor Ovidio Trotman insistía en pedir ayuda con la linterna y eso fue lo que nos salvó, porque gracias a esas señales, el señor Benito Abrego y su hijo nos pudieron auxiliar.
El presiente de la Asociación de Empleados Públicos de la Comarca, Eugenio Juárez, indicó que esta es la segunda ocasión que sucede una situación como esta en la que el Ministerio de Salud (MINSA) pierde a funcionarios.
Thomas Villagra se siente mal porque fue algo muy duro y que nunca había vivido.
Sólo le pide a las autoridades que por favor no permitan que esta situación se siga dando y que presten más atención a la tragedia.
Cabe señalar que este episodio es la crónica de una muerte anunciada, porque en reiteradas ocasiones este medio ha denunciado la triste situación que se vive en el área comarcal y de las dificultades que tienen que pasar los residentes del área para sacar a sus pacientes enfermos de gravedad, y de las vicisitudes a las que se tienen que enfrentar los funcionarios públicos asignados a esas áreas para cumplir con su labor.


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247516
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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