El presidente de Ecuador, Rafael Correa, cumple hoy tres años en el poder, en los que afianzó su influencia, sobre todo al lograr cambiar la Constitución, con celebraciones de sus partidarios y protestas de sus detractores.
Correa, pese a que mantiene unos índices de popularidad aceptables, ha visto sin embargo cómo desde que tomó posesión por primera vez el 15 de enero de 2007, la aprobación de su gestión bajaba desde un 76 por ciento en abril de ese año a un 41 por ciento en el último sondeo, publicado hoy por Cedatos.
El presidente visitó hoy Ambato, al sur de la capital, para adjudicar tierras, recorrer obras de infraestructuras y reunirse con autoridades de la zona, antes de celebrar mañana con un baño de masas sus tres años de "revolución ciudadana".
Así que no pudo observar en Quito las manifestaciones que maestros, jubilados y sindicatos de la función pública han realizado para protestar por lo que consideran lesiones a sus derechos, protestas a las que próximamente se unirán antiguos aliados, como algunos movimientos indígenas, que se sienten traicionados por el mandatario.
Correa no ha dudado en enfrentarse en estos tres años a las estructuras tradicionales del país, sobre todo a lo que denomina despectivamente "partitocracia", y a varios medios de comunicación casi todos opositores, ni tampoco a sectores, como el educativo o el indígena, que le apoyaron en sus comienzos.
Este tercer aniversario de su llegada al Palacio presidencial de Carondelet encuentra a Correa en unos momentos complicados y la salida de su Gobierno, esta misma semana, de uno de sus colaboradores más destacados, el ya ex canciller Fánder Falconí, a raíz de uno de los proyectos estrella del Gobierno, el Yasuní-ITT.
Esta iniciativa medioambiental pretende dejar sin explotar unas reservas de petróleo en la Amazonía a cambio de que la comunidad internacional "compense" a Ecuador con unos 3.500 millones de dólares, una cifra que representaría la mitad de los beneficios que podría obtener por su explotación.
Correa, que el sábado pasado criticó duramente a los gestores del proyecto, y de ahí la dimisión de Falconí y de los demás responsables, se enfrenta también a sus antiguos aliados, los indígenas, a quienes ha tachado de ser "ecologistas infantiles".
De todos modos, con una firme y reiterada insistencia en la "soberanía nacional", Correa emprendió, y lo está logrando, una reforma en el sector petrolero, el principal del país puesto que representa actualmente alrededor del 25 por ciento del presupuesto nacional.
Las modificaciones incluyen cambios en los contratos con las empresas extranjeras.
Durante estos tres años, ha puesto en marcha un programa de subsidios, créditos y ayudas sociales que, según datos del Banco Nacional de Fomento y la Corporación Financiera Nacional, han totalizado 2.256 millones de dólares, más del doble de los recursos entregados en los seis años previos a su llegada al poder.
Tras ganar las elecciones en la segunda vuelta en 2006, Correa se propuso cambiar la Constitución, cosa que logró en 2008, tras lo cual convocó unas nuevas elecciones que ganó en primera vuelta el año pasado.
En el campo internacional, Colombia copó gran parte de la agenda tras la ruptura de relaciones, en 2008, luego de la violación territorial de militares colombianos en un operativo contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aunque ya ha comenzado el acercamiento entre los dos vecinos.
Correa ha abierto la economía nuevos mercados sin abandonar los tradicionales para el país, como Estados Unidos, al que, por otra parte, no le renovó el acuerdo para mantener en este país la base de Manta tras diez años de operaciones contra el narcotráfico en la región.
Pero no ha estado exento de problemas económicos, incluso con sus socios andinos a causa de la crisis internacional y la dolarización de la economía ecuatoriana, que le ha perjudicado en sus exportaciones.
En el terreno político, el presidente ha centrado sus esfuerzos en la región, donde ostenta la presidencia pro témpore de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) e incorporó al país a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), liderada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Correa viene advirtiendo desde octubre pasado de intentos desestabilizadores contra su Gobierno ha alertado de "nubarrones que presagian días aún más difíciles", al referirse a sectores de la oposición sin especificar.
"Como no pueden ganarnos en la urnas, tratarán de vencernos desgastándonos, creando conflictos y desestabilizándonos", ha augurado.