Ruinas**Nuestros temores se confirman, si no se desvía el tránsito de la Vía Cincuentenario a la altura de las ruinas de Panamá la Vieja, éstas van a colapsar. El problema es que uno habla y habla y nadie atiende, hasta que se cae el Arco Chato, y todo el mundo llorando. Todos sabemos qué ocurrió, menos las autoridades investigadoras. Aunque ese no es el caso. Se cayó una joya y seguimos haciendo lo mismo con las que quedan, celebrando matrimonios y conciertos de mal reggae con otros abusos.
Mudanza**No sólo hay que mudar a otro sitio el pedazo de vía que pasa por Panamá la Vieja, sino que hay que mudar a todos los vecinos del lugar, indemnizándolos generosamente. Es cuestión de hacer un censo y levantar un inventario. Luego, hay que llamar a todas las ONGs a que ayuden a conseguir los fondos, que los hay de sobra. Por último, haremos del sitio una belleza, reconstruyendo la vieja ciudad, con todo su esplendor original. El turismo lo pagará jubiloso, en pocos años.
Chorrillo**Debemos hacer igual con El Chorrillo y trasladar a sus vecinos a otro sitio, más amplio, que acabe con el hacinamiento y la insalubridad. En su lugar, se haría un complejo turístico inspirado en los arrabales de extra muros del siglo XIX, salpicado de arquitectura de tiempos de la construcción del Canal, todo comunicado con la Calzada de Amador con su Museo de Gehry, el Cerro Ancón, el Casco Viejo y Balboa con sus edificios estilo sureño norteamericano.