El contralmirante Mario Sánchez Debernardi, comandante de las fuerzas de la ONU en Chipre, cree que esta es la misión más tranquila de Naciones Unidas en el mundo, pero advierte de que esa tranquilidad "cuesta un montón de trabajo".
Sánchez Debernardi, nacido el 1 de julio de 1958 en Callao (Perú), se encarga desde abril de 2008 de mantener la paz entre las comunidades greco y turco-chipriota, separadas por la Línea Verde desde 1974.
Del total de los más de 850 militares que componen el contingente comandado por Debernardi, casi 300 son latinoamericanos, la mayor parte argentinos, pero también chilenos (15), paraguayos (14) y un oficial de Brasil.
"No hay una varita mágica para la tranquilidad. Se está trabajando duro para que se den las condiciones de que los dos líderes puedan sentarse en una mesa y conversar para buscar la solución final al problema de Chipre", dice.
El militar peruano recibió a Efe en su despacho del cuartel general de la UNFICYP (Fuerzas de Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en Chipre). Un despacho amplio con un gran mapa de la isla en el que se ve dibujada la "zona de amortiguación", que rompe el territorio de este a oeste y por la que patrulla la ONU constantemente.
Amable, dispuesto y positivo -"nuestra obligación es ser positivos y sacar el mandato adelante"-, la sensación que se percibe rápidamente en Debernardi es lo entusiasmado que está con su trabajo.
"Esta oportunidad es única. Profesionalmente ser comandante de fuerza de la ONU es un privilegio". Además -dice- "aquí no estamos en un ejercicio, es una operación real, con fuerzas reales en posición".
Con el mapa de su despacho, el contralmirante explica que "la zona de amortiguación", de 180 kilómetros, está dividida en tres sectores y que los latinoamericanos están en el primero, más al oeste, que en el segundo -básicamente la zona de Nicosia- están los británicos y que en el tercero (en el este, curiosamente llamado sector 4) están los eslovacos.
"Los argentinos tienen una tarea adicional, el componente aéreo, con tres helicópteros", señala. "Es una tarea para toda la misión, incluida la parte civil y policial. Los pilotos, el mantenimiento de las aeronaves, todo lo relacionado con el componente aéreo, eso es tarea de los argentinos".
Debernardi explica que ahora los incidentes militares son de carácter menor, producto de la bisoñez de algunos soldados: "sobre todo en el área de Nicosia donde los puestos están muy cerca y se pueden observar los guardianes. Un muchacho le tira una piedra al otro, el otro le contesta y terminan apuntándose con los fusiles".
En los últimos tiempos "los incidentes más importantes son con civiles que entran en la zona de exclusión", incluso inmigrantes ilegales, "porque es imposible tener el control las 24 horas del día".
"La zona de amortiguación es una de las mejores para el cultivo y, aunque está prohibido, hay gente que entra en la zona para cazar. Hay gente incluso que entra en los campos minados, pese a que están perfectamente señalizados".
Los campos minados son un problema pendiente de la UNFICYP. Queda aproximadamente un 20 por ciento de las minas que fueron sembradas en 1974 y se negocia con greco y turco-chipriotas para que autoricen el desminado de los once o doce campos que restan.
Fueron los contendientes quienes las plantaron y sin su autorización la ONU no puede intervenir. El contralmirante calcula que en un año o año y medio se habrá acabado con este problema.
No se han registrado incidentes graves durante los dos años que lleva Debernardi en la misión, aunque sí ha habido un muerto: el pasado noviembre un soldado argentino chocó por detrás con otro automóvil y murió. "Fue un accidente automovilístico lamentable".
El contralmirante ya tuvo una experiencia en una misión internacional: en los años 1989-1990, cuando era teniente primero, estuvo en Namibia de observador militar.
"Desde ese momento siempre estuve atento a las operaciones de paz, sin ser esa mi orientación principal en Perú", afirma Debernardi, que recuerda que, como infante de Marina en los ochenta y noventa estuvo muy involucrado en las operaciones contra Sendero Luminoso y el Movimiento Tupac Amaru.
"En 2003 me encargaron organizar el departamento de operaciones de paz que se creó en Perú, nos reinsertamos en las fuerzas de reserva de la ONU y a finales de ese año enviamos un pequeño grupo de soldados peruanos a Chipre, aunque en 2004 decidimos priorizar nuestra fuerza en Haití".
El mandato de Debernardi terminaba a finales de este mes, pero la ONU ha decidido extenderlo hasta septiembre. Dependiendo del actual momento político de negociaciones directas, existe la posibilidad de que vuelva a ser ampliado.
¿Y después? "Es una experiencia extraordinaria pero en Perú también tengo algunas metas que cumplir", responde. "Soy infante de marina desde teniente y cuando uno escoge una línea de carrera la aspiración es ser comandante de Infantería de Marina de Perú. Estaba para ese puesto pero me vine para acá. Pero está pendiente", concluye.
Luis Alonso