SEGURO**La decisión del Gobierno de integrar los servicios de salud pública del país, que por separado prestan la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud, debe ser evaluada con cautela. Para empezar, esa fue una de las razones que llevaron a la ruina actual que padece el Seguro, sobre cuyos frágiles hombros los gobiernos militares hicieron descansar todo el peso de los servicios de salud pública, esquivando su propia responsabilidad.
CARGA**Los asegurados de los años 70 y 80 se encontraron de pronto con que sus hospitales y clínicas estaban copados y no había posibilidad de conseguir cita alguna, ni medicinas, ni tratamiento, porque los no asegurados competían con ellos por los servicios de la Caja, que fue absorbiendo los costos, con sus reservas, recursos humanos y materiales hasta llevarla al borde del colapso. Eran los tiempos gloriosos de los servicios integrados de Salud.
COORDINACION**Y hasta hace poco, el entonces director del Seguro, Juan Jované, estaba reclamando al Ministerio de Salud que reembolsara una millonaria deuda de vieja data, por la atención de pacientes no asegurados. Pese a todo, el concepto de la integración no es malo, porque busca eficiencia y evita la duplicidad, en beneficio de ambos sectores. Quizás más que integración, se requiera de coordinación entre los dos y pagarse puntualmente las cuentas recíprocas.