Es tarde, muy de noche, y Marta aún conduce sobre la autopista Panamá-Arraiján. El liviano rímel que deslizó con suavidad en sus pestañas durante la mañana, lo siente como plomo. Pero ni el sueño ni el cansancio frenan sus ansias de llegar a casa y hundirse en su cama.
Por fin llega... Ya dentro come algo, se ducha y se desenchufa de la realidad. Minutos después experimenta una de sus peores pesadillas: el robo con señuelos, una de las nuevas modalidades que ha puesto en práctica el crimen organizado en Panamá.
_¿En qué consiste? La respuesta la da una de sus víctimas. Una vez dormida, la alarma del carro de Marta empieza a sonar. Se despierta, abre la ventana y ve que el auto tiene una puerta abierta, es la del conductor. No se atreve a salir porque siente que el miedo ronda su casa o que se metió a su pieza por alguna rendija. Entonces decide despertar las teclas de su celular y marcarle a la policía.
Diez minutos después, la sirena de la patrulla irrumpe y se adueña de su garaje. Marta sale y le explica a las unidades policiales que antes de acostarse se percató de que había cerrado bien su coche. Pero estaba abierto, no le robaron absolutamente nada. “Esta es tan solo una de las nuevas peculiaridades que ha adoptado el crimen organizado en Panamá”, dice el subcomisionado Bolívar Lasso, jefe de seguridad ciudadana de la Policía Nacional.
pinnock2117@gmail.com Presas del crimen
que se derivan de las mismas ciencias que los combaten. Para saber en qué momento y qué tipo de formas deben emplear para atacar, se requiere de observaciones sistemáticas; estas aportan la identificación de posibles pautas y por tanto perfiles psicosociales, es decir, todo un imaginario de los puntos débiles y fortalezas de los elegidos. Sin duda, es la organización de las comunidades el mejor antídoto frente a la delincuencia; el problema es que nos encontramos con una cultura donde las pautas de vida solidaria han ido desapareciendo y esto es aprovechado por los operadores del crimen organizado, a quienes les resulta más fácil, cual depredador, atacar a sus víctimas que suelen vivir aisladas.
Lasso asegura que los delincuentes organizados estudian minuciosamente el movimiento de las personas que eligen atacar, que generalmente son gentes que aparentan ser adineradas y que viven en sitios de clase media y residenciales nuevos. “Estudian las barriadas que se inauguran y sus residencias. Después de observarlas por espacio de uno a tres días, rayan los muros, las cercas o el piso de estas para que sus cómplices sepan que no hay nadie en casa, que solo hay ancianos o que los dueños llegan tarde”, dice.
Las herramientas tecnológicas también sirven de arma para los mozalbetes. “Varios de los antisociales que hemos atrapado confiesan que crean cuentas en las redes sociales.
En Facebook, por ejemplo, colocan fotos de hombres o mujeres bien parecidos en sus perfiles para seducir a los jóvenes que inocentemente quedan dando información de sus casas, padres y hasta vecinos”, relata la fuente.
Otra de las nuevas formas de abordar a las víctimas es aflojando los bombillos de los garajes y portales o encendiendo alguna llave de agua que esté afuera de las residencias para que sus ocupantes salgan a verificar el hecho. “Es allí cuando los agresores aprovechan para entrar a las casas y cometer sus maldades”, cuenta Lasso.
Según un boletín del Ministerio de Seguridad Pública, divulgado a principios de este año, en 2012 se reportaron 2,364 casos de hurtos y robos en residencias, lo que significa un aumento de 0.3% con respecto a 2011. Aunque el incremento de este delito parece irrisorio, no lo es la evolución de los modus operandi de los maleantes, como señalan algunos expertos. “El delito está aumentando en calidad y no en cantidad. Ahora el criminal escoge el momento de atacar, elige a la víctima, el arma que quiere utilizar. Están pensando y planificando”, explica Alejandro Pérez, sociólogo forense del Instituto de Medicina Legal. Agrega Pérez que todas estas conductas y nuevas técnicas criminales son aprendidas y que en la mente de un antisocial prima un solo objetivo: el botín a costa de lo que sea. “Piensan únicamente en la ganancia que van a obtener, sin importarles la vida de la víctima. Las bandas delincuenciales están aprendiendo a borrar las evidencias y saben cómo los cuerpos de inteligencia efectúan las investigaciones. No cometen delitos improvisados”, asegura.
Por su parte, el sociólogo Marco Gandásegui dice que aunque los ladrones de residencias no pueden catalogarse como criminales organizados, sí hay que tenerles cuidado. “Estos son pequeños ladrones, pequeñas bandas que son muy peligrosas...”. En cuanto a las nuevas técnicas delictivas, argumenta que la mayoría son copiadas de extranjeros que les cuentan sus experiencias. “Esto en realidad no es nuevo, en años anteriores se han utilizado. Por ejemplo, se conoce la de la llamada telefónica y el choque del auto. La primera consiste en llamar a una residencia y alarmar al que contesta diciéndole que un familiar está herido en la esquina para que los ocupantes salgan. Otra es chocar el auto que está afuera de las residencias”.
La astucia de los amigos de lo ajeno no tiene límite. Solo el año pasado, la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) logró desarticular dos bandas organizadas que se aprovechaban de la ingenuidad de las empleadas. Una de ellas fue ‘Salva tu Jefe’ que hacía que las domésticas entregaran cualquier tipo de pertenencia (joyas, dinero, mobiliario) para, supuestamente, ayudar al patrón que estaba detenido.
14 mucamas de residencias de San Francisco, Paitilla, Betania, Costa del Este, Bella Vista y Balboa fueron engañadas por estas bandas criminales.
En tanto Gandásegui cree que el problema no radica en las técnicas que adopten los malhechores, sino en la manera como afronta la policía este asunto. “Nuestros ladrones también son creativos, las técnicas viajan de un país a otro. Pero el problema es de dónde vienen las técnicas, sino que la Policía tiene que perfeccionar su sistema de inteligencia. Ahora mismo, la Policía tiene un sistema de inteligencia al servicio de otros problemas y de repente está descuidando la seguridad de nuestras comunidades”, denuncia.
Sin embargo, el subcomisionado Bolívar Lasso no concuerda con esta opinión porque en su institución, dice, se está previniendo desde las comunidades. “La comunidad está aprendiendo a denunciar y a decir qué problemas tienen”. Para eso, arguye, han involucrado los barrios y comercios al programa Vecinos Vigilantes e incluso trabajan en conjunto con varias piqueras de taxis.
Por último, mencionó que ya tienen planeado asistir a las escuelas para brindar charlas de prevención y enseñarles a los estudiantes cómo denunciar el delito.
