Sociedad

La venta de materiales usados con lote incluido

Todo tipo de materiales son ofrecidos a los precaristas para que estos puedan construir sus residencias ilegales.


José Alberto Chacón (jose.chacon@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Claves

  • Altos precios
Un lote de madera puede costar desde $50.00 a $80.00, dependiendo del estado de estas. En estos vertederos también hay acarreos que transportan los materiales de los precaristas hasta los terrenos que van a invadir.
  • Negocio extraño
En esos muladares también se comercializan tubos de pvc, de acero, cables, interruptores, baldosas, retazos de “y hasta pedazos de bloques. Llama la atención que la mayoría de estos objetos presentan buen estado.

El suelo crujía como un maizal en llamas. Es sábado y hay gente buscando “cosas” desesperadamente. Su deseo incontrolable de obtener materiales raya en la desesperación, escarban entre escombros, como quien roe en la nevera para encontrar pan.

La tierra continúa crujiendo como un maizal en llamas porque los rayos del astro rey pisan fuerte y hacen retorcer, como hojas secas, las láminas de zinc y de aluminio: un tesoro muy preciado para los precaristas, los dueños de las improvisadas recicladoras y de los vertederos que hay a lo largo de la carretera que parte en dos a Kuna Nega y Villa Cárdenas. Ambos sectores marginales del corregimiento de Ancón han sido identificados por las autoridades como focos neurálgicos, al igual que San Miguelito y Pacora, donde se realiza abiertamente toda actividad ilegal relacionada al precarismo.

 

En esta última comunidad, dominada por indígenas y campesinos, operan cinco grandes basureros espontáneos. En uno de esos botaderos, que funciona como un mercado de basura al aire libre, se ha plantado un grupo de gente con ropa muy gastada, es una familia guna. Se trata de dos mujeres, un hombre y dos niños. Frente a ellos hay un joven afroantillano que se cubre el rostro del polvorín. Entre este hombre y el grupo familiar hay un regateo. "Dame $50.00 y te llevas toda la mercancía", dice el supuesto comerciante. "No, es mucho", alude el sujeto que parece ser la cabeza de familia. Se llama Harmodio, lleva una hora tratando de obtener madera, hierros y otros enseres, pero no está de acuerdo con el costo. “Es madera usada, es muy caro”, comenta. Él y otras 20 familias, expresa, se han trasladado hasta Guna Nega porque semanas atrás fueron desalojados de un terreno privado en la Barriada Martinelli, en Las Garzas de Pacora.

Ahora, busca sobras para construir su hogar, meter a su familia y a la miseria. "Nos manejamos así, a nadie le importa lo que le pase a los indios, así que no sé para qué nos desalojan si vamos a volver a buscar otro sitio donde vivir”, indicó.

Mientras en un barranco conocido como “pataconcín” también se respira polvo y hay roces entre personas que buscan “materiales”. Allí, mientras un vendedor trata de convencer a dos señoras mayores para que se lleven un inodoro averiado y el esqueleto oxidado de lo que parecía una pequeña cama, el camión de una ferretería llega con descarga. Acto seguido, decenas de campesinos corren hacia el vehículo, caen como moscas. "Ellos son felices con esta mierda", menciona el conductor de la compañía que desecha las maderas de los palés, varillas de hierro de viejos estantes, tornillos oxidados, entre otros objetos. “Para esos camioneros es más fácil dejar la basura en estos sitios porque los dueños de los vertederos les corren algo de dinero para que depositen aquí los materiales. En ocasiones son materiales que los mismos empleados se roban de sus trabajos y luego los venden acá”, contó un morador. A esos muladares llegan también los desechos de la construcción: tubos de pvc, de acero, cables, interruptores, baldosas, retazos de gypsum y hasta pedazos de bloques. Llama la atención que la mayoría presentan buen estado.

 

Coincidencialmente uno de los precaristas, que trataba de comprar madera en Villa Cárdenas, declaró que un primo de este, que vive hace diez años en un terreno ilegal en San Miguelito, le dio el dato de unas tierras baldías en La Paz, una pequeña población de nuevos precaristas, a 10 minutos en auto de Kuna Nega.

Minutos después de esa conversación, Panamá América se desplazó hacia esa comunidad. Al llegar, los moradores se mostraron hostiles a pesar de que los investigadores se identificaron como simples compradores.

En ese sitio, según una moradora, opera una supuesta banda denominada “Puto Gángster”. Al hacer un rápido recorrido, se pudo notar que muchas de las nomenclaturas, veredas y paredes estaban marcadas con las iniciales PG, aparentes siglas de esta organización criminal “que se sostiene de la venta de drogas y materiales para los precaristas que llegan todos los días”, apuntó la misma señora.

 

Más tarde, otro parroquiano contó que también se venden armas. El hombre, con gafas, hacía escupir chispas de un machete que golpeaba contra una piedra, lo único que no sucumbía ante el intenso calor.


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867603
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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