La inseguridad se ha convertido en un dolor de cabeza para el Gobierno y en una amenaza para la población debido a que la lucha no solo debe dirigirse hacia los criminales, sino también contra unidades que ocupan altos cargos en la Fuerza Pública que han facilitado el trabajo de los narcotraficantes.
Especialistas en la materia sostienen que gran parte de esta problemática se debe a la penetración del narcotráfico en las estructuras del Gobierno.

Solo en los últimos 24 meses han sido detenidos más de 50 funcionarios del Órgano Judicial, Migración y la Policía Nacional en operativos vinculados al narcotráfico y la corrupción (ver gráfica).
En noviembre del 2011, la Fiscalía Superior Especializada en Delitos de Asociación Ilícita descubrió a siete unidades de la Policía Nacional vinculadas al tráfico de sustancias ilícitas.
Desde entonces, se han reportado varios incidentes que involucran a unidades policiales, como un operativo la madrugada del lunes, cuando se capturó a un mayor de la Policía en la operación denominada El Gallero.
Durante la audiencia de imputación de cargos, la fiscalía a cargo de la investigación reveló que el funcionario era el encargado de utilizar la base de datos del Tránsito para alertar con información de vehículos a sus socios.
También en ese mismo operativo, las autoridades dijeron haber detectado a una unidad policial que preparó una casa para ocultar sustancias ilícitas.
Estas situaciones han llevado a que, en el mes de septiembre, los panameños volvieran a catalogar la inseguridad como el principal problema de la administración de Juan Carlos Varela.
Percepción del crimen
Se trata del problema más grave de la actual administración, según la más reciente encuesta de la empresa Dichter & Neira, publicada en TVN.
Según la encuesta, el 31% de los panameños consultados considera que la inseguridad es el principal problema que tiene Panamá en este momento.
Aunque antes de hablar inseguridad, se deben tomar en cuenta otras problemáticas que involucran a los jóvenes, quienes son el sector social más vulnerable a este flagelo, pero donde al parecer el Gobierno no ha mostrado indicios de mejorar.
A juicio del sociólogo Marco Gandásegui, antes de evaluar la inseguridad basados en cuántos asesinatos, robos y hurtos se cometen, primero se tienen que analizar las causas porque si no se hace, no se puede aplicar políticas públicas correctas para disminuir la criminalidad.
Afirma que, viéndolo así, la principal causa de la inseguridad es la falta de empleo, lo que provoca inestabilidad en la familia y aviva el crimen.
También se ha visto un incremento de casos en los que resultaron heridos o asesinados ciudadanos comunes y comerciantes.
Este es el caso de una conductora de metrobús que hace dos días fue herida de bala en el rostro, tras haber quedado en medio de un intercambio de disparos en San Isidro, San Miguelito.
Ante esto, el abogado constitucionalista Miguel Antonio Bernal advierte que existe una "urgencia de que recuperemos Panamá de manos de la corrupción, la inseguridad y la mediocridad rampante".
Políticas de represión contra la inseguridad son una equivocación
Las políticas del Gobierno para reducir la criminalidad han estado mal enfocadas desde un principio, por no trabajar en la prevención, sino en la represión, señalaron algunos especialistas.
Ello, por la implementación de planes como la Fuerza de Tarea Conjunta Águila, y el Plan Cuadrante en la provincia de Colón, donde el director de la Policía Nacional, Omar Pinzón, ha justificado que se opte por una mano dura contra las pandillas y los delincuentes que viven en barrios marginados.
Sin embargo, el sociólogo Marcos Gandásegui sostiene que la represión no resuelve el problema, sino que lo agiganta, pues quienes integran en su mayoría las cárceles son jóvenes entre 20 y 28 años de edad, que son quienes están haciendo su maestría en el crimen y algunos ya son doctores.
El catedrático instruye que es en las cárceles donde aprenden el oficio de corromper a los demás y se convierten en un medio para tal fin, y donde autoridades y delincuentes son una gran familia que se han hecho cómplices.