Análisis
- Danilo Toro Lozano /Sociólogo
Cierrres
- Tienen sus pros y contras, porque qué pasa con el resto de la población que reside en el pueblo. Se puede estar de acuerdo si se compensa con otras medidas. Antes de cerrar las escuelas, es necesario que el Departamento de Arquitectura y Planificación haga un análisis de riesgo para ver si los factores de riesgos están debidamente atendidos para el cierre de escuela. No solo la disminución de la población o la migración es el único indicador favorecedor de esa medida. Se deben tomar en cuenta seguridad, seguridad ambiental, transporte, sanidad e higiene. Una vez que esto esté cubierto, el cierre está sustentado, de lo contrario, no. El caso de la migración debe ser analizado del punto de vista sociológico y económico.
Recorrer casi tres horas de camino para llegar a la que puede ser su próxima escuela, resulta una aventura para Pablo Mora.
A sus 12 años de edad, aunque por su contextura delgada y estatura pequeña asemeja tener 9, no conoce de distancia corta ni larga y, lo que para algunos son horas de viaje, para él se traduce en hora y media de camino. Típico de los que crecen en el campo.

Acostumbrado a vivir en las faldas de la cordillera y a orillas de uno de los afluentes del río Machón, en Llano Grande-La Pintada, provincia de Coclé, Pablo está dispuesto a viajar kilómetros con tal de continuar estudios en la Escuela de Buenaventura.
Para ahorrar gastos, este año su padre, Juan Pablo, está pensando enviarlo a este plantel (multigrado), ubicado en las serranías de Llano Grande, pero se enfrenta al dilema de que puedan ce- rrarlo, porque solo tiene una matrícula de dos estudiantes.
Casos registrados
No sería el primer caso, ya que desde el 2004 hasta el 2013 el Ministerio de Educación (Meduca) ha realizado 49 cierres de centros educativos a nivel nacional, la mayoría de estos en los últimos cinco años.
La travesía que tendrá que hacer Pablo, solo en sueños se la podría imaginar un niño de ciudad. Nadamás llegar a la casa de la familia Mora, desde donde pasa la carretera que conduce hacia Coclecito, toma 20 minutos entre senderos rodeados de vegetación y donde, de vez en cuando, los pies quedan enterrados en una charca de lodo -sobre todo- cuando se pasa por ellos después de haber caído un chubasco.
Las pisadas delatan que este camino es usado por los campesinos para llegar a las comunidades de Las Lajas, Buenaventura y Buenaventura Arriba, donde las huellas del fuerte invierno aún son visibles por la cantidad de troncos de árboles que cedieron al poder de los rayos.
Es que cuando el tiempo se pone feo, narró el padre de Pablo, nadie se atreve a emprender viaje, y su casa sirve de refugio para guarecerse del temporal. Hay quienes hasta pasan la noche, porque deben esperar que se apacigüe la furia del Machón y sus aguas vuelvan a su cauce.
A esto se tendrá que enfrentar el pequeño para terminar sus estudios de primaria, quien con gusto accedió a la petición de su papá de servir de guía hasta Buenaventura.
Los rumores del cierre de la escuela los conoce al dedillo. Relató que el año pasado se graduó un niño de sexto grado y que el señor Gera Domínguez, que vive cerca de la escuela, tiene dos hijos (un varón y una mujer), que son los únicos que asisten a ese plantel.
El tema es motivo de evaluación por parte del Meduca, ya que tendrían que ver qué otras alternativas pueden ofrecerles a estos alumnos sin que pierdan el año. “La escuela más cercana a esta comunidad es la de Corozal, pero les tomaría en medio de la montaña una hora y media de camino de trocha”, contó Agnes de Trujillo, supervisora de la región educativa de Coclé.
Unos 12 centros educativos se han cerrado en Los Santos y Veraguas.
Atravesar la serranía, entre pendientes y grandes extensiones de potreros es un reto, pero el recorrido por el paraje desolado continúa. Fiel testigo del andar de los caminantes por estos senderos y donde el único huésped que sale al paso es el ganado que se nutre de las verdes llanuras que empiezan a secarse y -de vez en cuando- una que otra ave entona su canto en la copa de algún árbol.
El inclemente sol comienza hacer de las suyas, cuando apenas se lleva recorrido menos de la hora. Por momentos, Pablo nos lleva una distancia y hasta goza con las peripecias del resto del equipo por igualar su paso.
La falta de destreza, para quienes no están acostumbrados, aflora al tener que cruzar entre cercas de alambres de púas y tres riachuelos del Machón, donde sus aguas sirven de bebedero para los sedientos.
De pronto, alguien saluda “buenas”, es un morador que se dirigía hacia Buenaventura Arriba, pero en cuestión de segundos su silueta se desvanece entre el paisaje.
Al igual que Pablo, su andar es rápido, a pesar de que en el camino se enfrentan a cientos de peligros, donde pueden librar desde una correteada de un toro enfurecido hasta ser mordido por una culebra. Lejos de estos riesgos, ellos caminan como si transitaran por las calles de la capital.
La duda nos asalta: ¿cómo hacen estas personas cuando alguien se enferma? Ni el celular, herramienta para acortar distancia, alcanza la rayita de señal, por lo que es un aparato inútil para los que atraviesan diariamente estos senderos, si se trata de salvarle la vida a alguien.
Más de dos horas caminando y aún falta un largo trecho por recorrer, no se está ni a la mitad para llegar a Buenaventura, deja claro el pequeño guía. El reloj marca las 3:30 p.m., dos horas más y se estará cubierto por el manto de estrellas.
No en vano el viaje culmina, aunque no se logró llegar al destino. De vuelta en el camino, Agustín Vargas, de Las Lajas, nos alcanza y confirma que los vientos que soplan del posible cierre de la escuela son ciertos.
Las razones
Cerrar un centro educativo no es del gusto del Meduca. El director nacional de Planificación, Franklin De Gracia, sustentó que esta situación radica en el hecho de que la población estudiantil en algunas regiones del país ha disminuido por la migración. “La gente se viene a la capital, vende sus terrenos”, resaltó.
Este es el caso de la provincia de Los Santos, donde este fenómeno se ha visto en las áreas cercanas a las costas; la gente ha vendido sus fincas y se ha trasladado hacia otras regiones.
Según las proyecciones de la población del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, dan cuenta de que en Bahía Honda y Bajos de Güera, distrito de Macaracas, en los que ya se han cerrado planteles, se ha notado una disminución de la población en los últimos tres años, de 20 y 45 habitantes menos, respectivamente.
Mientras, en Herrera, hay algunos centros donde se empieza a observar que la matrícula va hacia la baja, destacó De Gracia.
Panamá Centro no se aleja de esta realidad y en algún momento se tendrá que tomar la decisión de cerrar, pero “no es que se cierra el servicio, sino que no hay quién necesite de este”, sostuvo el educador.
En el Casco Antiguo de San Felipe, empieza a reflejarse el mismo fenómeno de matrícula baja. ¿Las razones?, la gente salió del área por el boom de ventas de inmuebles, algunas casas se declararon condenadas y otros edificios se cayeron.
De Gracia citó el caso de la escuela República de México, que en un momento fue de nueve grados y ahora cuenta con seis.
La mayoría de los centros educativos en los que ya no se atienden alumnos han sido cedidos al Ministerio de Salud, el Inadeh, o las comunidades, y se convierten así en centros de formación cultural y de adultos.
Al final, el cierre de un plantel no representa un ahorro para la institución, porque los recursos que se empleaban en estos se invierten en abrir otros nuevos, donde exista la necesidad educativa, concluye el educador.