Ante el convencimiento de que las estrategias de seguridad del Gobierno no han funcionado, la población ha optado por hacer cambios en su rutina y en su entorno para superar el miedo y salir al paso de la inseguridad, considerada el principal problema que le agobia.
Para muestra, un botón. Una señora, presa y segura detrás de los barrotes de hierro que tuvo que colocar hace un mes en su casa, confirma que optó por esa medida de seguridad ante el miedo que la ronda. Ella teme ser una víctima más de los robos y homicidios.
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Como ella, miles de personas han hecho ajustes en su rutina. Hay quienes esperan la luz del día para moverse de casa o quienes coordinan para caminar juntos cuando la sombra de la noche se hace cómplice de los delincuentes. Hasta para caminar a la iglesia hay quienes lo hacen en pequeños batallones y cargan poco efectivo.
Es que la inseguridad igual anda a pie, en taxi, se monta en los buses o se mete en restaurantes y centros comerciales. Todo esto se traduce en un sentimientos: miedo.
Al respecto, el sociólogo Gilberto Toro explicó que hay una lucha de la misma sociedad por no quedar prisionera del miedo o atrapada de este estigma que se está generando, que cualquiera piensa que se está ante un estado de guerra, sobre todo, cuando se habla -por ejemplo- de la provincia de Colón, que es escenario primordial de la inseguridad.
Toro advierte que hay miedo e inseguridad del propio ciudadano, a tal punto que existe la convicción de que mientras más policías hay en la calle, el área está más segura.
Pero según el análisis que maneja Toro, el país que más proyecta seguridad es donde no se ve ningún policía en la calle.
“Deben ser más estratégicos, el asunto no es invadir las calles con policías para sembrar el miedo”, acotó.
Para Toro, como sociedad, no debemos esperar carros blindados y policías armados con lo último en tecnología; sin embargo, afirmó que en la medida en que el miedo se está sintiendo, la gente tiende a no hacer vida social, vida nocturna, además, se encierra, pone verjas, diez candados, cercas eléctricas, entre otras acciones. Según el sociólogo, esto se traduce en que las personas se están alejando de la práctica de socializar con otros.
Por lo que refiere que, independientemente de que sea percepción o realidad, la inseguridad se traduce en miedo, el cual ahora mantiene a la gente más desconfiada, grosera, intolerante e irrespetuosa.
“Por ese miedo ya no queremos conversar, nos encerramos en nuestros audífonos, en el celular, en la mirada perdida; amarran la cara, no dan los buenos días, no dan las gracias y no piden permiso”, describió, ampliando que la sociedad ha interpretado que hacer lo contrario es signo de debilidad.
“Salimos a la calle todos los días a la defensiva”, concluye el especialista
Precisamente, los residentes de distintos puntos entrevistados para esta nota reflejaron que ya no confían en nadie, incluso cuando los trabajadores de las empresas van a dejar los recibos de los servicios públicos, no se atreven a salir; prefieren tomarlos después de que se van.
Y es que muchos de los delincuentes se han aprovechado de esto como iniciativa para cometer sus actos contra la ley y hasta meterse en las casas.
Severino Mejía, viceministro de Seguridad en el gobierno de Martín Torrijos y especialista en Criminología, sostiene que la criminalidad no solo se está dando en la capital, sino que ahora también se ha trasladado al interior del país.
Al mismo tiempo, subrayó que no se les pone atención a las víctimas, ya que los ciudadanos, que son los principales colaboradores de la justicia al denunciar a los criminales, pues muchos saben quiénes son los delincuentes, no lo hacen por temor, ya que no tienen la seguridad o la certeza de que esa denuncia no va a repercutir en su integridad con represalias contra ellos o contra sus familias.
Claves
Violencia
Para los expertos, no hay duda de que la violencia en Panamá ha ido creciendo.
Homicidios
Cifras de homicidios se están disparando, precisamente, en la provincia de Colón.
Rencillas
Justifican que las muertes en Colón son por rencillas.