Experimentar un movimiento telúrico de gran magnitud y sus posteriores réplicas suele dejar secuelas psicológicas profundas, tales como episodios de ansiedad, hipervigilancia, crisis de pánico y dificultades para conciliar el sueño. Ante este escenario de vulnerabilidad emocional, profesionales de la salud mental enfatizan que es fundamental comprender que estas reacciones son respuestas humanas normales ante situaciones de alto estrés y peligro.
Para ayudar a la ciudadanía a procesar el impacto emocional y transitar hacia la recuperación de la tranquilidad, los especialistas recomiendan seguir pautas clínicas y prácticas de autocuidado orientadas a restablecer el equilibrio del sistema nervioso:
- Pausar y reconocer las emociones: De acuerdo con orientaciones de salud mental, el primer paso consiste en detenerse un momento para ponerle nombre a lo que se siente, aceptando que el miedo o la tristeza son válidos y no implican debilidad.
El psicólogo Edwin Solís del Ministerio de Salud (Minsa), en este sentido, destaca que "reconocer el miedo no significa dejarse dominar por él, sino identificar la emoción para responder de manera más consciente ante una situación de emergencia".
- Regular la respiración y regresar al presente: Ante la sensación de mareos o palpitaciones, se aconseja aplicar ejercicios de respiración lenta y profunda, concentrándose en el entorno inmediato y sintiendo el apoyo de los pies sobre el suelo para anclar la mente en el aquí y el ahora.
- Limitar la sobreexposición a contenidos alarmantes: Los expertos sugieren evitar el consumo constante de videos, rumores o noticias catastróficas en redes sociales y medios no oficiales, priorizando únicamente la información veraz emitida por fuentes autorizadas como el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc).
- Retomar paulatinamente las rutinas cotidianas: Mantener los horarios habituales de alimentación, descanso y actividades diarias ayuda a enviarle señales de seguridad al sistema nervioso, indicándole que el peligro inmediato ha concluido.
- Buscar apoyo profesional cuando sea necesario: Si el insomnio, el pánico o la sensación de ansiedad se intensifican y dificultan el desempeño diario, es indispensable acudir a los servicios de atención psicológica habilitados en las distintas regiones de salud del país para recibir acompañamiento clínico especializado.