Los lugareños en Darién prefieren cambiar las jabas de plátanos por las mochilas llenas de drogas, a esa conclusión llegan las autoridades, tras las investigaciones que adelanta el fiscal segundo especializado en delitos relacionados con droga, Julio Villarreal.
"Se puede notar que son los lugareños del lado de Panamá los que hacen la labor de mochileros cuando analizamos los recientes acontecimientos dados en la zona fronteriza de Darién", explica Villarreal.

En el mes de abril, unidades policiales del Servicio Nacional de Frontera (Senafront) ubicaron una caravana de mochileros, lo que provocó que se registrara un enfrentamiento a tiros cuando los sospechosos decidieron no hacer caso a la voz de alto de los uniformados.
En un principio se creía que eran ciudadanos colombianos al servicio de las bandas criminales conocidas como las bacrim.

Pero luego de profundizar en las investigaciones, se logró determinar que las dos personas que fallecieron en ese enfrentamiento armado eran panameños y también eran los que tenían la responsabilidad de llevar las mochilas con droga hacia un sitio en territorio panameño.
La investigación realizada en este expediente logró determinar cómo es que estos residentes en Darién y áreas aledañas deciden ponerse al servicio de estos grupos organizados.
Aunque existe una especie de código de silencio, explica Villarreal que en las investigaciones de campo se logró encontrar elementos que dan cuenta del recorrido hecho por estas personas para cumplir la peligrosa misión de pasar grandes cantidades de drogas por la selva darienita.
Situación que, a juicio del fiscal, se hace cada vez más complicada para estos individuos, que además de la pesada carga que deben llevar por largos tramos, tienen que enfrentar las inclemencias del tiempo y la presión que se ejerce por la constante vigilancia de las unidades del Senafront.
Trabajo que consiste en pasar la droga desde Colombia hasta entrar a Panamá por la espesa zona boscosa de Darién.
Rosendo Miranda, exfiscal de drogas, asegura que el vínculo está ligado con la relación cultural y comercial que históricamente ha existido en esa región del país por semejanza que existen entre las etnias y las poblaciones latinas que habitan en ambos lados de la frontera.
Producto de esta relación cultural se han establecido trochas que han permitido la migración en ambos lados y en determinados periodos del año.
Ello ha sido aprovechado por los grupos del crimen organizado para convencer a los lugareños de que presten estas estructuras al servicio del narcotráfico.
Mochileros, ¿nueva modalidad del narcotráfico?
La respuesta para Miranda es que no, para el exfiscal lo que ha cambiado es de nombre.
Explica que antes se les conocía como hormigas, quienes cargaban entre dos y cinco kilos de drogas desde Colombia y llegaban hasta el distrito de Chepo.
Mientras, el actual fiscal Julio Villarreal detalla que lo que se ha encontrado en estos tiempos es que, en el caso de los mochileros, han variado su modus operandi.
La razón, según Villarreal, es que antes era vistos como una ruta alterna, pero en esta ocasión, se trata de la ruta principal del trasiego de las drogas.
Bandoleros armados custodian la travesía de los mochileros
Por esto, ahora los mochileros llevan una carga más pesada y a su lado los custodian bandoleros armados que procuran que la droga llegue a su destino.
De los cinco kilos que antes cargaban, ahora las maletas son mucho más grandes, para poder colocar hasta 25 kilos de droga.
Ello podría asemejar al peso de dos tanques de gas llenos y eso no es todo; esa exagerada carga debe llevarse en un largo recorrido que puede tomar hasta cinco días para completarlo.
La ruta del narcotráfico, luego de que pasa de las manos de los mochileros, llega a una finca que debe estar cercana a la ciudad, ya sea en Darién o Chepo.
La droga es ocultada y distribuida en vehículos con doble fondo que toman dos caminos distintos: uno hacia la frontera con Costa Rica y el otro a los puertos de contenedores para tomar los destinos finales de Norteamérica y Europa, respectivamente.
En el caso de los contenedores, los investigadores han logrado detectar que en la mayoría de los casos, la droga entra a estos medios de transporte portuarios por medio de trabajadores.
Estos colaboradores tienen acceso a los sellos de los contenedores y les permiten a los grupos de narcotráfico introducir la droga hacia su destino final.
Ambos especialistas coinciden en una cosa: cada vez es más costoso para los narcotraficantes mover sus sustancias ilícitas debido a las rutas alternas que deben seguir para evadir la presencia de las unidades policiales que custodian las fronteras y las costas del país.
Por eso, las variantes no solo se han dado en la vía terrestre, también se han notado cambios por el recorrido marítimo.
Aquellas lanchas rápidas que llegaban a las costas de Darién y Guna Yala y lanzaban los sacos de drogas que era ocultadas en las zonas de manglar ya no son una práctica frecuente, según las investigaciones y los intercambios de información entre países.
Ahora, los trasiegos se dan en alta mar o cerca de las aguas nacionales.
La operación consiste en que estas lanchas rápidas deciden no parar en las costas y seguir hasta encontrarse con buques de gran tamaño.
Estos buques reciben la droga y las esconden en doble fondos que son creados mediante sistemas hidráulicos, que están tan bien construidos que para ser detectados se debe contar con la colaboración de ingenieros navales, detalla el fiscal de drogas Julio Villarreal.
Panamá, un territorio poco rentable para el negocio del narcotráfico
Afortunadamente, la droga que entre por Panamá no se queda en el país.
La explicación a ello, según el fiscal de drogas Julio Villarreal, es que en Panamá, el negocio no es rentable para estas organizaciones criminales.
Como manera de ejemplo, un kilo de drogas que se queda en el país puede ser vendido en 5,000 dólares como máximo, mientras que en mercados como el de los Estados Unidos, este mismo paquete con droga pude llegar a costar hasta 30 mil dólares.
El precio puede ser mayor cuando se voltea el timón hacia los mercados de Europa. Allí un kilo de droga puede llagar costar hasta 60 mil dólares.
La droga que va con destino hacia Europa se transporta vía área y marítima; en el primero de los casos, las maletas con doble fondo en las terminales aéreas son los hechos más frecuentes.