Una autopsia efectuada al cadáver del obispo argentino Enrique Angelelli, fallecido en la última dictadura a la que combatió, descarta que el llamado "mártir de los pobres" fuera víctima de "golpes o disparos", informaron fuentes judiciales.
No obstante, la causa judicial por "homicidio" continuará y avanzará "sin descartar ninguna hipótesis", declaró el fiscal federal Darío Illánez en declaraciones que publica hoy la prensa argentina.
Angelelli, que formó parte de un grupo de obispos que denunció las violaciones de derechos humanos cometidas en la dictadura (1976-1983), murió en extrañas circunstancias en agosto de 1976 al volcar la camioneta que conducía por una carretera de la provincia de La Rioja, a 1.150 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.
En el momento de su muerte el obispo, que tenía 53 años, llevaba consigo un informe con las pesquisas que había realizado sobre el asesinato de dos sacerdotes y un laico por militares.
El fiscal Illánez, que impulsa la investigación del caso, explicó que la autopsia practicada hace un mes por peritos federales constató que el obispo falleció por "la expulsión del cuerpo al momento del accidente y la consecuente colisión sobre el asfalto".
"La causa más probable es un traumatismo de cráneo que provocó múltiples hemorragias en el cerebro del obispo", precisó el fiscal, al informar de que la investigación se centrará ahora en saber si el accidente fue provocado.
El fiscal dijo al respecto que analiza volver a citar a declarar al ex sacerdote Arturo Pinto, quien acompañaba al llamado "mártir de los pobres" cuando ocurrió el accidente.
La autopsia fue practicada después de que el cuerpo de Angelelli fuera exhumado de la Catedral de La Rioja, capital de la provincia homónima, a finales de abril pasado.
En 2005 la justicia reabrió la investigación del caso, que, a juicio del entonces presidente argentino, Néstor Kirchner, fue "un asesinato".
Además de Angelelli, durante la denominada "guerra sucia" 19 sacerdotes desaparecieron o fueron asesinados, otros 11 fueron secuestrados, torturados y liberados, y 22 más fueron detenidos por persecución política, según organizaciones humanitarias.
Entre las víctimas de la dictadura, 18.000 según cifras oficiales y 30.000 para grupos humanitarios, también hubo 11 seminaristas y cuatro religiosos, entre estos últimos las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon.