Un alto porcentaje de los calambres que ocurren durante el ejercicio puede ser atribuido a una gran pérdida de líquido corporal, así como a la pérdida de electrolitos, como el sodio.
El sodio es un importante mineral que interviene en la formación de las señales eléctricas de los nervios que producen los movimientos musculares, y su deficiencia asociada a la de fluidos determina la presencia de músculos irritables. Bajo tales condiciones, un movimiento un poco más intenso puede desencadenar una contractura muscular incontrolable.
Los calambres son contracciones dolorosas e involuntarias de los músculos que pueden ocurrir durante o después del ejercicio.
Se ha evidenciado que la fatiga general y muscular, así como la falta de elasticidad son factores que predisponen a su aparición. Su prevención y tratamiento se sustentan sobre un buen entrenamiento de flexibilidad pasiva así como una buena nutrición e hidratación.
Lo mejor es esforzarse por extender y flexionar las articulaciones del miembro que está afectado.
Después seguirá un masaje suave, en la zona dolorida, con manzanilla y romero diluidos en un poco de aceite de oliva (calientan, relajan y estimulan la circulación).
Ante un cuadro de calambres, se deberá practicar un alargamiento estático del músculo afectado, llevándolo lentamente a su longitud inicial.
Se pueden recomendar para su prevención un buen acondicionamiento físico que incluya ejercicios de flexibilidad, así como una nutrición adecuada en los aspectos de energía e hidratación.