González ha logrado obtener productos que superan la libra. Pero el pimentón promedio está en media libra.
Destacó que la cadena Riba Smith es la más exigente en el mercado nacional, no sólo por la calidad sino en el manejo de pesticida.
Manifestó que utilizan trampas amarillas, que se colocan en el centro de los invernaderos, con una grasa especial que atrae a los insectos, para evitar que lleguen a las plantas y dañen los frutos que comienzan a formarse.
La innovación de González fue más lejos, cuando un ciudadano de origen norteamericano colocó dentro de uno de los invernaderos un sistema de sonidos ambientales que se escuchan en las áreas boscosas con el fin de estimular el metabolismo de la planta.
En sólo tres meses de estar sonando las bocinas con estos sonidos naturales se logró la maduración uniforme del producto en un período más corto de tiempo, también hubo un aumento en el peso de las unidades.
El experimento, que fue inventado por un japonés, continúa en observación, para verificar en los próximos meses el nuevo comportamiento de esta producción en comparación con el pimentón de los invernaderos que no tienen este sonido.
González está convencido de que hay nuevas formas de hacer producir la tierra sin el uso de agroquímicos.
Agrega que es completamente rentable para la producción nacional; y además, hay apoyo estatal para este tipo de reingeniería, que resulta muy factible.
En surcos muy bien alineados y a una distancia bastante corta han crecido las plantas de ajíes que alcanzan casi los dos metros y medio de altura.
Algunas han dado hasta 37 frutos de la misma calidad y tamaño en un período de 8 meses y 7 días.
Los invernaderos tuvieron una inversión de B/.200 mil y hay en proyecto 1.2 hectáreas más para la producción.