El crecimiento del bambú de la suerte no se caracteriza por ser especialmente rápido, ya que apenas crece unos 10 cm. anualmente. La tradición china asegura que esta dracaena trae la buena suerte a aquellos hogares en los que está presente y es motivo de energía positiva y de buenas vibraciones para la filosofía milenaria del Feng Shui.
La forma usual de este bambú de la suerte es una vara recta que puede oscilar entre los 10 y los 100 cm., pero también podemos encontrarla describiendo un peculiar sacacorchos o como material esencial de montajes florales más complicados, como pasa en el ikebana.
Dentro de la casa, el bambú de la suerte se mantiene de forma extraordinaria con unos cuidados muy básicos. Su cultivo es muy sencillo y le hará falta poca dedicación por nuestra parte para que luzca bello. En cuanto a sus necesidades de luz, puede aguantar perfectamente las sombras. Lo más recomendable es que permanezca en un lugar de luminosidad intensa pero sin exponerse de forma directa a los rayos solares. La mayor precaución que debe tomar de cara a su cultivo es su necesidad de agua.
Hay que controlar bien la cantidad y el nivel de líquido en la que están sumergidas las varas. El jarrón elegido para su presentación deberá llenarse hasta el punto en el que las raíces del bambú de la suerte sean cubiertas, ni más ni menos. Más agua significaría echar a perder el tallo. También puede ser cultivada en potes.
Mensualmente, podemos añadir al agua unas gotas de fertilizante, pero la cantidad será simbólica. Igualmente, podemos pulverizar agua con objeto de limpiar el polvo acumulado en sus hojas y troco.
Tratar varias veces con acetona o quitaesmaltes y lava la prenda normal. No emplees acetona para los artículos de acetato. Los pegamentos simples pueden eliminarse bien. Las manchas de pegamento a base de dos componentes una vez secas, ya no pueden eliminarse. Hay que tratarlas enseguida con acetona.
Lava previamente con detergente bioactivo, deja reposar durante toda la noche y lava normalmente.
Lava con agua tibia y trata, si es necesario, con un disolvente quitamanchas para óxido, puedes también usar jugo de limón o tomate y sal.
Trata localmente con alcohol y lava con detergente para prendas delicadas.
Frota la mancha con alcohol o vinagre. Después lava con agua y jabón.
Se disuelve al lavar. Si esto no da resultado, trata la mancha con un poco de detergente y frótala. Para las manchas viejas, cepilla con una mezcla de alcohol y agua.
Limpia enseguida con un trapo blanco y limpio de algodón empapado con disolvente (pintura de aceite: con trementina; pintura sintética: con agua u otro disolvente apropiado). Trata la mancha sobre una superficie absorbente, sin frotar.