Según el Ingeniero Augusto Ruiz, de Pool System, especialista en diseño, instalación y mantenimiento de piscinas, antes de decidirse por un modelo específico, es importante cotizar varios presupuestos, consultar sobre las entregas de garantías escritas y plazos de las mismas, a fin de evitar contrariedades.
Asimismo, es recomendable pedirle al constructor referencias de otras piscinas que él mismo haya construido.
Tamaños. Cuando el espacio disponible para la piscina es de dimensiones reducidas, habrá que tener muy en cuenta el tamaño de la misma; se deberán respetar rigurosamente las disposiciones reglamentarias que determinan una distancia mínima de 1,20 metros entre la piscina y los ejes o paredes medianeras.
Otro elemento que se debe tomar en consideración será el número de bañistas y el volumen de la piscina.
Así, por ejemplo, se calcula que seis personas necesitan al menos 18 metros cuadrados de agua para moverse holgadamente al mismo tiempo. Por tanto, si la piscina fuese rectangular, sus medidas serían de seis metros de largo por tres metros de ancho.
“Para el emplazamiento, también se toma en cuenta la orientación de la misma en relación con el recorrido del sol en los meses de verano, y la presencia de árboles que influyen en su mantenimiento".
Agua, pH y cloro. Ruiz asegura que las piscinas deben contar con un sistema de depuración que preserve las condiciones de economía, seguridad e higiene.
Cuando se llenan con agua corriente o de perforación, generalmente se observa que el agua es limpia, pero al estar expuesta al sol y al aire puede contaminarse de los microorganismos que hay en la atmósfera, además de los que llevan los bañistas.
Por otro lado, el aire y la lluvia introducen en el agua cantidades de polvo, tierra y hojas que la ensucian.
Estos factores pueden provocar que la piscina se convierta en un espacio poco agradable para el baño.
Para combatir este problema, se debe mantener en el agua una cantidad de cloro residual suficiente para que las bacterias y microorganismos puedan ser destruidos.
Por eso es muy recomendable la instalación de un filtro que por medio de una bomba retenga en su interior toda la materia en suspensión dentro del agua.
“De igual forma, los valores de pH estarán comprendidos entre 7,2 y 7,8, de tal modo que el nivel de acidez y alcalinidad del agua sea el apropiado y no resulte corrosivo para ojos y mucosas nasales” enfatizó Ruíz.
El nivel de cloro libre en el agua, según las disposiciones sanitarias vigentes, estará comprendido entre 0,5 y 1,5 ppm.
Bombas y filtros. Estos deben situarse a una distancia no superior a los 15 metros de la piscina y a un nivel de 0,50 metros por debajo de la superficie del agua.
El filtro está compuesto por una masa de arena silícica (compuesto químico), a través de la cual se hace circular el agua en sentido descendente; de esta forma se retiene entre ella la materia en suspensión del agua filtrada.
Una vez iniciado el ciclo de filtración y al cabo de cierto tiempo, será preciso lavar el filtro, ya que la arena se habrá obstruido con la suciedad, lo que impedirá el paso del agua. Con el lavado a contracorriente se consigue invertir el sentido de circulación del agua de las piscinas en el filtro, expulsando así en el desagüe la materia filtrada.
El mantenimiento puede ser realizado de forma manual, cada semana, por los propietarios de la residencia, con la ayuda de utensilios de limpieza (paleta saca hojas) si la piscina ha sido construida en una zona con varios árboles o plantas.
Por otro lado, toda la materia que ha sido succionada por el filtro, debe ser retirada cada dos o tres semanas, por lo menos, dependiendo del uso continuo que se le dé.