Testigo y soporte de placenteras siestas, alegres veladas, esperados reposos y efusivas demostraciones de cariño, el sofá representa, sin duda, uno de los centros neurálgicos de un hogar.
Más allá de su importancia decorativa en la ambientación del salón, este mueble soporta y atrae la presencia y el peso de todos los miembros de la familia. Por esta razón, su elección se convierte en una decisión clave para la que conviene estar muy bien informado.
Su estructura, el relleno, la consistencia, la ergonomía, el tamaño, la comodidad y la resistencia son elementos a tener muy en cuenta para disfrutar de uno de los reyes de la casa.
Ante la diversidad de sofás que ofrece el mercado, los fabricantes aconsejan no comprar el primer modelo que nos "entre por los ojos", guiados sólo por razones estéticas. Insisten en que el cliente haga una selección entre los que más le gusten, optando por los que se adapten correctamente al cuerpo y los que tengan una estructura duradera. De acuerdo a los principios de ergonomía, comodidad y resistencia, determinantes en la compra de estos asientos, se presentan unas pautas que sirven de ayuda en su elección final.
Relleno: Asientos y respaldos, ¿duros o blandos? La comodidad del sofá depende en gran medida de la dureza de sus asientos, del respaldo y del tipo de relleno. Si un sofá es demasiado duro o demasiado blando hay que descartarlo, no sólo porque no son asientos cómodos sino también porque su duración será probablemente inferior.
Estructura y resistencia: Un buen sofá debe tener una estructura consistente y la mejor manera de comprobarlo es levantando el sofá por un solo lado: si pesa mucho es porque estará construido con madera maciza.
Sofás ergonómicos: Un sofá que cuida la ergonomía, y no sólo la estética, permite la colocación idónea de la espalda, cadera y brazos.
El tipo de material utilizado en la elaboración o tapizado del sofá determinará su forma de limpieza. Por esta razón es muy importante que el cliente pregunte de qué material exacto están compuestos estos asientos en el mismo momento de la compra. De todas maneras hay una serie de consejos comunes, como la eliminación del polvo mediante el aspirador, la sacudida regular de los cojines para evitar que se deformen y la limpieza de las fundas en la lavadora.
Como recomendación final, los fabricantes no aconsejan la limpieza continuada de los sofás, basta con que se limpien dos o tres veces al año e insisten en su cuidado diario velando porque no les dé el sol directamente y no les afecte la humedad.