Pero la idea de tener una vajilla que haga sentir a gusto a un invitado especial o haga de la comida diaria un festín sensorial, es buen motivo para saber algo más.
La elegancia todavía reina, pero hoy contamos con piezas, marcas, formas y diversas tendencias (sí, las vajillas también siguen tendencias).
Si la vajilla es la estrella de la mesa, el bajoplato es la pieza de moda dentro del conjunto. No hay cena especial sin que esté presente.
El bajoplato -es como un plato muy plano- se utiliza para colocar el plato llano y en casos en que la vianda amerite el uso de cuchara, se usa bajo uno hondo.
Casi todas las vajillas vienen sin un bajoplato, pero es fácil adquirirlo dada su popularidad. La única condición es que armonice con el resto del conjunto.
Una vajilla (o servicio) sencilla debe componerse de platos hondos, llanos y de postre; las más complejas tienen platos y tazas para consomé, sopas, bandejas y soperas en los más diversos tamaños y formas.
Si tienes una vajilla "a medias" y deseas completar, hay dos opciones: adquirir piezas que complementen las que existen o comprar todo.
Si te decides por la primera, elige piezas neutras.
Por ejemplo, si tienes una vajilla lisa (sin diseños y un sólo color) vienen bien unas tazas para consomé del mismo color, de una similar o de uno que armonice.
La opción de comprar todo a la vez se perfila como la mejor, siempre que la economía lo permita. Vale tener en cuenta los elementos básicos que debes adquirir:
- 24 llanos
- 24 hondos
12 de postre.
- 12 de café
- 12 de consomé.
- Una redonda, una honda y una ovalada
- Una sopera
- Una salsera
- Una ensaladera
- Una base para dulces.