Tomando en consideración todos los puntos relacionados con la limpieza en el hogar, hemos buscado información acerca de cómo proteger y cuidar los objetos y accesorios que son parte de su decoración. En esta ocasión hablaremos de las alfombras.
Estas se lavan a mano con agua tibia, jabón en polvo; pero deben lavarse los pelos y no la piel, ya que se endurecería.
Luego se enjuaga cuidadosamente con un suavizante y se deja secar al aire libre o con un secador de pelo (esto puede tomar bastante tiempo) procurando cepillar el pelo con suavidad.
Para quitarle los olores de mascotas, humedad u otros, puede espolvorear bicarbonato de sodio. Deje por una media hora, luego de lo cual pase la aspiradora.
Estos tapetes exigen cuidados especiales. Según su grado de uso, deben ser limpiados a fondo preferiblemente por personal especializado, en un lapso que va de uno a tres años.
Entretanto hay que cepillarlas cotidianamente con una escoba y no pasar la aspiradora más de una vez por semana, para evitar el desgaste. Debe ocuparse de los flecos, que se lavan a mano.
Evite sacudir o golpear bruscamente; eso podría dañar las fibras. Si pese a estos cuidados, la alfombra ha sufrido algún grado de deterioro, será necesario recurrir a los profesionales que se encargan de este tipo de trabajo.
Reparar y reponer flecos gastados o hilos de la trama, cuando se trata de accidentes, quemaduras, agujeros en un área muy gastada, es un trabajo muy delicado que puede llegar a ser necesario reconstruir partes o tramos completos de la alfombra.
Estas no son las más comunes tomando en consideración el lugar de procedencia y su posible prohibición.
En general estas pieles son enemigas de los productos especiales para alfombras.
En caso de manchas, se aplica un producto tipo aserrín impregnado que absorbe las grasas.
Sacuda y aspire con mucho cuidado. Si la piel tiene mal olor, será imprescindible orearla por cierto tiempo, pero nunca vaporizarla con perfume o un desodorante alcoholizado.