Esos 10 años para Ortega fueron una maravilla, ya que hizo su vida normal, trabajaba, se alimentaba como cualquiera persona, pero no se esforzaba tanto, y se controlaba con medicamentos.
"Fue una maravilla, una cosa muy bonita, lo que le sucedió". Le agradece a Dios esa oportunidad y batalla por otra, ahora que sufre el rigor de la diálisis, como de sus consecuencias.
Una de ellas es el limitado consumo de agua, porque esta es medida y no puede tomarse aunque el cuerpo lo demande, producto del sofocante calor. Por ello se baña casi rayando las 5:00 p.m., hora que le corresponde estar en el hospital para hacerse la diálisis, tres veces por semana.
Ahora ha sabido superar más los efectos, porque la experiencia lo ha ayudado.
El resto de los hermanos de "Chombo" no se han hecho las pruebas de compatibilidad ya que como él dice: "en estos casos no hay forma de que yo se los pida, sino que esto ya es conciencia de ellos".
Héctor Ortega está a la espera de un donante compatible, pero piensa que es muy duro por la cantidad de personas en lista de espera.
Para Héctor, quienes se someten al proceso de hemodiálisis, tienen la vida en un hilo porque están allí, en esas máquinas, cuatro horas, y sufren calambre.
Lo que no se sabe, según Héctor, "es que si el día que te conectas sales o no: sólo hay que encomendarse a Dios".
Otras de sus preocupaciones es que quienes han recibido un trasplante de órgano, no tienen mucha facilidad de conseguir trabajo, y los empleadores tienen la idea errónea que no rinden al 100%.
La Ley 55 del 12 de diciembre de 1995 facilita la extracción de órganos de los pacientes con muerte encefálica en Panamá, sin la necesidad de solicitarlo a los familiares.
Por cultura y para evitar conflictos legales siempre se solicita a los mismos el permiso para obtener los órganos de su familia.
Aproximadamente del 50 por ciento de las muertes encefálicas terminan como donantes, el otro no.
En muchos casos la negación es porque el paciente no manifestó en vida que quería ser donante.