En la Antigua Grecia fueron reconocidas las propiedades purificantes de este pequeño fruto. La cereza es rica en minerales (hierro, potasio y calcio), y fuente importante de vitamina C y bioflavonoides; tiene un gran poder antioxidante. Además, posee ácido elágico, un inhibidor de la producción de células cancerígenas.
Se trata, en definitiva, de una excelente fruta para fortalecer el corazón, el cerebro y las defensas del organismo, además de prevenir la acidez y reducir los niveles de ácido úrico.
Pero no acaban ahí las bondades de la cereza, también conocida como acerola, es de gran ayuda para combatir los estados depresivos, gracias a las dosis de vitamina B que aporta.
Posee propiedades remineralizantes, desintoxicantes y antiinflamatorias. Nos ayuda a prevenir la anemia.
El color rojo subido, es debido a la gran concentración de hierro en su composición, por ello es muy apropiado para aquellas personas que pasan por etapas de anemia o faltos de minerales en la sangre.
Es laxante y diurética gracias a su contenido en fibra, agua y potasio. Aquellas personas que tienen problemas de corazón encontrarán en la cereza un buen aliado para protegerse de problemas repentinos y fortalecerán su sistema coronario, pues robustece la sangre y el corazón.
De los rabitos de las cerezas se obtiene un té que tiene una acción muy específica en: resfríos, catarros, tos convulsa o convulsiva, pulmones, bronquitis, cistitis, anemia, ictericia y enfermedades de la garganta.