CUANDO cambiamos una planta de lugar la estamos obligando a realizar un proceso de adaptación a un espacio diferente.
Para que pueda sobrevivir es necesario que acomode sus raíces en el nuevo terreno, que se asiente en él. Esta transición le va a suponer un gran esfuerzo y va a costar tiempo y energías.
Durante este periodo puede sufrir toda una serie de problemas que pueden llegar a poner en peligro su salud y desarrollo. Nosotros podemos hacer que está experiencia sea lo menos traumática posible.
La plantación debe realizarse con cuidado, siguiendo una serie de consejos que ayudarán a evitar que surjan complicaciones adicionales.
Para acabar de asegurarnos el éxito de la plantación seguiremos atendiendo convenientemente al ejemplar durante varias temporadas.
La elección correcta de las plantas es fundamental a la hora de conseguir que éstas se afiancen con éxito.
Se han de tener en cuenta el clima de la zona, las temperaturas, la exposición, el tipo de suelo, el espacio disponible, etc.
El empleo de especies autóctonas de la región donde vivimos es una garantía para obtener buenos resultados.
Además de escoger la planta adecuada para cada lugar se ha de hacer una buena elección a la hora de comprar, adquiriendo ejemplares sanos y fuertes.
Si es posible ver las raíces, estas deben ser claras y abundantes, pero no deben estar excesivamente crecidas ni enrolladas.
Antes de comenzar a hacer agujeros debemos tener en cuenta las conducciones de agua, gas, electricidad, etc. que atraviesan la zona en que tengamos previsto trabajar.
Debe tener de dos a tres veces la anchura y el doble de profundidad que el cepellón. Así las raíces podrán crecer con comodidad en un suelo suelto y rico.
Para evitar dañar a la planta la sujetamos y levantamos por el cepellón, nunca por el tronco.
También debemos cortar y retirar cuidadosamente cualquier envoltorio que acompañe al cepellón, así como las cuerdas y alambres que vengan atados al tronco.
La Profundidad es importante.
La base del tronco o zona donde se ensancha para dar lugar a las raíces debe quedar por encima de la tierra.
Si el árbol se hunde demasiado las raíces tendrán problemas de oxigenación y se desarrollarán peor, pudiendo llegar a ahogarse. Y si se planta muy cerca de la superficie puede dar lugar a problemas de temperatura y de falta de humedad.
Consiste el cubrir de materia orgánica la base de la planta. Esta capa retiene la humedad, protege de las temperaturas rigurosas y frena la invasión de las malas hierbas. Se pueden usar hojas, corteza, turba, serrín, etc. Bastará con que tenga un grosor de 5 ó 10 cm. Para evitar pudriciones se evitará que toque el tronco, despejando una zona de varios centímetros a su alrededor.
Debe ser el adecuado. Se debe ajustar en función de factores como la climatología, el tipo de tierra, el drenaje, etc.