varidades

Traumas de una planta


El mejor momento para plantar árboles o arbustos es durante el reposo vegetativo, que va desde el otoño, cuando pierden la hoja, hasta la primavera, antes de que broten las yemas.
Cuando cambiamos una planta de lugar la estamos obligando a realizar un proceso de adaptación a un espacio diferente. Para que pueda sobrevivir es necesario que acomode sus raíces en el nuevo terreno, que se asiente en él.
Esta transición le va a suponer un gran esfuerzo y va a costar tiempo y energías. Durante este periodo puede sufrir toda una serie de problemas que pueden llegar a poner en peligro su salud y desarrollo. Nosotros podemos hacer que esta experiencia sea lo menos traumática posible.
La plantación debe realizarse con cuidado, siguiendo una serie de consejos que ayudarán a evitar que surjan complicaciones adicionales. Para acabar de asegurarnos el éxito de la plantación seguiremos atendiendo convenientemente al ejemplar durante varias temporadas.
El primer efecto directo de un transplante es el enraizamiento deficiente. Éste puede estar causado por que las raíces estén tan débiles o lastimadas que no consigan afianzarse con éxito. Lo habitual es que el ejemplar recién transplantado no tenga un sistema radicular muy profundo ni desarrollado. Esto repercute negativamente en el aporte de agua y de nutrientes, es decir, en la alimentación. Como consecuencia, la planta no puede desarrollarse de forma normal, además de quedar más débil y, por lo tanto, más expuesta a sufrir plagas y enfermedades. La falta de unas raíces sólidas también puede dar lugar a que un viento fuerte acabe abatiendo la planta. Para prevenirlo debemos procurar que ésta quede lo más afianzada posible en la plantación, llegando incluso a sujetarla a algún soporte si fuera necesario.
En general, el crecimiento se ve muy afectado por el trauma que supone el transplante. El descenso en la calidad de la alimentación de la planta lleva a una merma en la producción de follaje.
Se generan tallos son más cortos y hojas más pequeñas. Esto se hace muy evidente durante el primer año, aunque también puede llegar a manifestarse durante los dos o tres años siguientes.
Otro daño apreciable es el marchitamiento de la vegetación. En las plantas caducifolias las hojas se vuelven amarillentas y se rizan.
También puede darse el que las hojas tomen un aspecto quemado. Aparece un color de que puede ir de rojizo a amarillento en los bordes o entre los nervios.
Esas zonas al final terminan volviéndose marrones y secándose. En las coníferas la escasez de agua produce una vegetación grisácea que al acentuarse el problema vuelve marrones las puntas de las ramas.


fecha edicion
old id
191926
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América