El presidente de Honduras, Carlos Flores, inauguró esta semana, un museo y otros edificios del parque de Las Cuevas de Talgua, que guardan restos de una civilización que vivió hace 3.000 años en la zona oriental del país. Las Cuevas de Talgua, también conocidas como Las Cuevas de las Calaveras Brillantes, fueron descubiertas en 1980, pero fue hasta 1996 que se inició la investigación a fondo sobre este sitio, ubicado en las cercanías de la ciudad de Catacamas, en el departamento de Olancho, a unos 220 kilómetros de Tegucigalpa. El museo muestra vasijas encontradas con restos humanos en el interior de las cuevas, las cuales son atravesadas por el Talgua, un río subterráneo que da su nombre al lugar.
Flores fue acompañado por el ministro de Cultura, Artes y Deportes, Herman Allan Padgett; la directora del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), Olga Joya, y otros funcionarios e invitados, que recorrieron la nueva ruta de acceso a las cuevas.
El IHAH construyó un sendero de madera con barandas, además de iluminar el interior de las cuevas para que los turistas puedan llegar a más de 50 metros al interior para observar las múltiples calaveras brillantes, efecto del agua y sales que emanan en el lugar.
Las cuevas también muestran un conjunto de hermosas estalactitas, estalagmitas y estalagmatos de impresionante belleza, que contrastan con el sonido de las corrientes del río Talgua.
Carmen Julia Fajardo, arqueóloga del IHAH, dijo a