Ciento cincuenta integrantes de la Compañía de Danza del Ballet Ruso, con la primera bailarina Elena Kulagina y balilarín principal Roman Geer, realizan un fragmento de una coreografía en el castillo de Nymphenburg, en Munich, Alemania, promocionando el espectáculo que ofrecerán en esa ciudad del 3 al 22 de agosto de 2004.
La calle del espanto se inserta dentro de una prosa atrevida que atrapa al lector desde su comienzo. Es fundamental acercarse a la novela con la intención de descubrir, de ser parte del universo urdido por Brooks. Sólo a través de una comunión directa con el texto el lector puede decir que ha recorrido la calle y salido ileso de la aventura. Es de singular importancia resaltar los diversos epítetos con los que el autor encabeza la mayoría de los capítulos que componen la novela. También es significativo cotejar con el texto los poemas que se insertan como parte del capítulo en cuestión. Todo conlleva a la urdimbre literaria que ofrece el autor en ésta, su primera entrega en el campo de la ficción. El libro cumple con dos propósitos: el principal, agrada al lector; el secundario, ofrece una visión de Panamá no vista con regularidad. El escritor refleja al país y el tortuoso deambular por la calle del espanto nos acerca a una nación que merece ser estudiada con cuidado. Los personajes hablan; por consiguiente, desean ser escuchados. La calle del espanto, ahora convertida en novela, es el instrumento a mano para llevar a cabo tal función. No podemos desaprovechar esta oportunidad.