Variedades

Ahora le toca a Mineko


Cuando Arthur Golden decidió escribir su primera novela lo hizo inspirado en la infancia de un joven japonés que había conocido en ese país durante el tiempo en que trabajó allá. Sabía que el padre de este joven era un importante hombre de negocios y sabía también que la madre había sido una geisha.
Ya de regreso en Estados Unidos, y haciendo un ejercicio imaginativo, trató de recrear, en su novela, la infancia de este joven japonés. Sus intenciones llegaron a un punto cero porque su inquietud se dirigía incontrolablemente hacia la figura de la madre: de la geisha. Puso en alerta su fascinación hacia este tema.
Con estudios en arte e historia japonesa y dominando a la perfección el idioma, Golden - egresado de Harvard y de Columbia - se dedicó a investigar sobre el ascenso, esplendor y opacidad de las talentosas muñecas de rostro blanco y ropas pesadas.
En estas andaba y ya llevaba 800 páginas escritas de un borrador que le había tomado cinco años de labor. Entonces le hablaron de Mineko, una geisha retirada a los 42 años. Sin titubeos se fue a Japón para entrevistarla.
La conversación con Mineko, sus explicaciones, los paseos ilustrados, su comprensión de la realidad de las geishas en el distrito de Gion, en Kioto, y todo este nuevo material le dio un nuevo orden a sus ideas. Echó al cesto de la basura sus 800 folios y empezó otra novela. Fue su primera obra y fue también la que lo catapultó como escritor de fama internacional. Memorias de una geisha se convirtió en un best seller (ha vendido más de 4 millones de copias y estuvo por un año en la lista de los libros más vendidos de la selección que hace el New York Times).
Lo que hizo fue darle voz a una geisha. En primera persona, el escritor estadounidense relata la historia de una niña procedente de un pueblo de pescadores en Japón que es llevada abruptamente a la ciudad de Kioto. Aquí empieza su vida como geisha e incluso su nombre cambia: se llamó “Sayuri”. Son los años 30. El libro es un documento liviano sobre la simbología que rodea a estas mujeres: acerca de sus rituales, sus prácticas y su preparación.
Aunque hay escenas de infinita amargura y tristeza, la novela no es ni una exaltación y mucho menos un repudio hacia las figuras de las geishas. La plataforma de la aventura, de lo inesperado, del misterio, de la superstición y de otros elementos presentes en la cultura japonesa - como la sutileza - han sido las fortalezas del autor para hacer de este libro un super ventas.
111 Aunque hay escenas de infinita amargura y tristeza, la novela no es ni una exaltación y mucho menos un repudio hacia las figuras de las geishas. La plataforma de la aventura, de lo inesperado, del misterio, de la superstición y de otros elementos presentes en la cultura japonesa - como la sutileza - han sido las fortalezas del autor para hacer de este libro un super ventas.
Solo que ahora Mineko Iwasaki ha demandado a Arthur Golden por haber revelado el nombre de su fuente. Ella había aceptado ayudarlo con la condición de que él no mencionaría su nombre. Pero ... ¿Fue la vida de Mineko la principal fuente de inspiración para Golden? Habría que hacer un estudio minucioso del caso, habría que leer párrafo por párrafo la novela y contraponerla a la biografía de Mineko. ¿Qué tanto hay de Mineko en Sayuri o viceversa? En esto deben estar trabajando los abogados ahora mismo. Golden ha dicho en entrevistas que Mineko no le dio detalles de su vida sino que lo instruyó en cuanto a la formación de una geisha, le proporcionó información sobre la indumentaria que usan (textiles, colores, etc.), las costumbres, las artes que practican, entre otras cosas.
Iwasaki también ha escrito su propia versión sobre la vida de una geisha: Vida de una geisha. La verdadera historia. Este libro - que tal vez sea catalogado como ensayo - acaba de ser presentado en España, en donde Mineko ofreció algunas declaraciones: “Sé que el desconocimiento y la confusión sobre la geisha no llega sólo a Occidente, sino a mi propio país”.
Retirada de esta vida a los 29 años luego de haber alcanzada la fama, Mineko ha facilitado a los lectores la comparación de su vida con la de Sayuri, la protagonista “ficticia” de Golden. Y si Golden fue honesto para llamar “novela” a su libro y tomarse la libertad de crear situaciones y personajes a su antojo, esperamos que Mineko no se haya occidentalizado lo suficiente como para mercadear fragmentos de su existencia real.
La idea más difundida sobre el concepto de geisha está relacionada con la prostitución. Mineko explica que “en Japón existían dos distritos, el del placer y el de la flor y el sauce, donde vivíamos las geishas. En el del placer, las mujeres se dedicaban a la prostitución, pero desde 1873 se las liberó del sexo. De ahí la confusión. Nosotras no teníamos necesidad de ganar dinero con el sexo. El trabajo de las geishas consistía en amenizar a los comensales de un banquete, hombres y mujeres, con música, danza, recitación y la ceremonia del té o del sake. Venía lo más selecto, a relajarse y divertirse”.
Ahora esta geisha ha envuelto a los lectores en otra fascinación: la de leer su libro.


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104870
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América