COMO tuberías cuyas paredes internas están cubiertas con varias capas de cemento, así son las arterias coronarias de una persona que sufre de arterioesclerosis. La sangre se estanca. El corazón no puede bombear con la misma fuerza. Las células a las cuales no llega la sangre al no recibir oxígeno inician un periodo de sufrimiento y pudieran morir.
Triste cuadro el descrito, pero es la realidad de millones de persona en el orbe. Su corazón está débil. No puede cumplir con su trabajo.
Hoy, 25 de septiembre, Día Mundial del Corazón, los corazones de los más de 6, 000 millones de pobladores de la Tierra palpitan a distintos ritmos: muchos están saludables. Más están cada vez más sobrecargados, trabajan forzados, con limitaciones que son producto de estilos de vida inadecuados. Muchos dejarán de palpitar en cualquier momento. Que el suyo no sea uno de estos.
El Dr. Enrique Méndez, especialista en Medicina Interna y Cardiólogo Intervencionista hace un llamado a reflexionar sobre la necesidad de observar cuán amigo o enemigo de su corazón es cada uno. La información que nos proporciona, en términos sencillos, para que resulte comprensible a los lectores, estamos seguros resultará de gran utilidad.
Explica que el corazón tiene varias partes que se pueden afectar por enfermedades y una de ellas son las arterias coronarias, que son tres, dos del lado izquierdo y una del lado derecho.
La placa de grasa, lo que crece dentro de las arterias coronarias, crece porque algo la hace crecer: el fumar, la obesidad, ser diabético, tener el colesterol alto, haber tenido familiares cercanos (madre, padre, hermanos) que murieron de un infarto del corazón y el sedentarismo.
Lo que hace la placa de grasa es que cierra la arteria coronaria, la bloquea y la sangre no puede pasar debido a esa obstrucción y la zona por donde no pasa la sangre no recibe oxígeno y esas células se mueren.
Dependiendo del tamaño de la zona de la arteria coronaria que esté bloqueada, así de grande será el infarto. Cómo va a quedar el paciente (si va a quedar con agua en los pulmones o se va a morir) también depende de cuán grande sea la zona arterial bloqueada por la placa de grasa.
Ahora bien, cuando uno se infarta, el corazón pierde fuerza para bombear y bombea menos sangre hacia el resto del cuerpo y ésta retorna a los pulmones y se produce lo que se llama edema agudo de pulmón, que es causado por una falla ventricular, que también se conoce como falla cardiaca.
La obesidad es uno de los factores de riesgo de la artereoesclerosis. Es bueno que las personas que no tienen lo que se conoce como peso ideal. Es decir, que sufren de sobrepeso, obesidad u obesidad morbosa (encajan en esta última categoría quienes pesan 350-400 libras), pongan atención a su estilo de vida y hagan los cambios necesarios, entre ellos comenzar un programa de ejercicio supervisado, para perder peso. Pero, el Dr. Méndez aclara que "el hecho de que la persona adelgace no quiere decir que la placa de grasa se redujo ni desapareció de la arteria. Quiere decir que se evita que la placa de grasa crezca más y que no te cierre la arteria".
Hay unas personas hacia las cuales se enfoca mayormente la atención y son los pacientes con diabetes, quienes además de perder peso deben controlar su presión y si fuman dejar de hacerlo. El sobrepeso, hipertensión y obesidad (condición que se conoce como síndrome metabólico) repercute negativamente en la salud de su corazón.
El Dr. Méndez hace énfasis en que el mensaje de alerta respecto a los daños que los estilos de vida inapropiados causan al corazón va dirigido principalmente a la gente que tiene 20 años, que comienza a vivir y cuyas arterias todavía están limpias de forma tal que la sangre puede circular como es debido. Porque, reiteramos, la grasa que se ha depositado no es que se derrite, ni se quema, ni se elimina de estos conductos; la gente de 70 años ya tiene las placas que acumuló en los últimos 40 años. Pero, si se cuida, puede evitar que estas placas se engrosen al punto de que sean irreparables los daños que sufran su cerebro y corazón, producto de la asfixia a que son sometidos al bloquearse el flujo sanguíneo.
Haga ejercicio, no importa si es moderado. Su médico, mediante un examen previo le aconsejará un programa de ejercicio adecuado a su condición física.
Declárele la guerra a la comida chatarra, que es como un asesino implacable.
Deje de andar por allí como una chimenea, diga ¡NO! al tabaquismo.
Investigue su historia clínica familiar, esto le permitirá saber si tiene antecedentes de diabetes, hipertensión o infarto en familiares cercanos (madre, padre, hermanos), lo que quiere decir que el riesgo suyo de sufrir males cardiovasculares es mayor.
Siga una dieta balanceada, donde los niveles de grasa sean mínimos, haya suficiente ingesta de frutas y vegetales (que tienen fibra, que necesita el organismo). Reduzca los carbohidratos, azúcares y sal. Prefiera las carnes blancas a las rojas. Tome como mínimo 8 vasos de agua.
Trate de sacar tiempo para sí mismo, por más que su agenda esté apretada. El estrés también es un verdugo que no perdona.
La obesidad es la enfermedad del siglo, produce hipertensión, factor predisponente para que el paciente desarrolle diabetes, piedras en los riñones y la vesícula biliar, le produce problemas de artritis en las articulaciones de las rodillas (dolores y problemas), entre otros males.
¿Amigo o enemigo de su corazón?
Si sufre de sobrepeso, obesidad u obesidad morbosa, es importante que pierda peso, porque es candidato a un infarto del miocardio.