Mientras que la amistad para las mujeres es intimidad, confidencias, consejos y narraciones detalladas de la vida personal, para ellos la compañía de los de su mismo sexo es para hablar de trabajo, deportes, actividades comunes y sexo.
Los investigadores Steven Naifeh y Gregory White Smith concluyeron en un estudio realizado a 400 hombres, que a pesar de que la amistad entre hombres puede llegar a ser muy íntima y plena, con frecuencia no lo es.
"Así como el temor a la dependencia inhibe la intimidad entre un hombre y una mujer, el temor a la homosexualidad puede inhibir la intimidad entre hombres", concluyeron los expertos.
Cuando dos hombres se encuentran emplean sobrenombres o frases familiares entre ellos, que a veces pueden ser groseras. Entre ellos el lenguaje es especial, cambian la entonación o la manera de decir las cosas, suenan más rudos que cuando hablan con las mujeres.
Una palmada, un golpe, un choque o un apretón de manos, es el único contacto que tienen. Ellos procuran tocarse lo menos posible. Algo más podría, como dijeron los investigadores, resultar sospechoso.
El miedo al ¡Ay!, ¡Uy! o ¿Cómo? es tanto que les impide tener más contacto físico, como el de las mujeres que se besan y abrazan naturalmente.
Extrañamente un hombre se sentirá cómodo hablando a solas con otro, pero si están en grupo, ya la cosa cambia. Unos son testigos de los otros de que no son "gays". Estos encuentros por lo general son en alguna actividad deportiva, en una salida nocturna "sin mujeres" o cuando se reúnen a tomar y a jugar cartas o lo que sea en la casa de uno de ellos, en donde tampoco haya una mujer apareciendo a cada momento para poner mala cara por una botella sin portavasos en mesa de centro.
Son "pasieros", "panas", "compinches", "compadres" o alguna otra palabra que los hace sentir cómodos, pero conocen muy poco uno del otro. En una ocasión pregunté a un amigo por sus compañeros de trabajo, con quienes lleva años de convivencia, él no sabía si eran casados o solteros y mucho menos el nombre de sus parejas, conocía la dirección de pocos, no sabía casi nada íntimo de ellos.
Cómo mencionamos al principio, los "chicos" hablan básicamente de tres cosas: sexo, trabajo y deporte. En opinión del psicólogo César Alfonso, en la adolescencia los hombres suelen hablar de sus logros y fantasías; al crecer, de sus insuficiencias personales, cuentan chistes, comentan acerca del cuerpo de las mujeres y del trabajo. El experto concluye que las amistades de los hombres con otros hombres cumplen una función especial en sus vidas: reforzar su sentido de identidad sexual y personal.