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Ana María Jaén y Jaén dejó huellas imborrables


LOS bibliotecarios cumplen un rol importante en el desarrollo cultural de un país. Son profesionales comprometidos a satisfacer las necesidades de información a todos los niveles y contribuyen a la formación de buenos ciudadanos con hábitos de lectura y de investigación.
Al celebrarse el 23 de abril el Día del Bibliotecario Panameño, la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., rinde un homenaje póstumo (tras su muy reciente fallecimiento) a la Lcda. Ana María Jaén y Jaén, una dama que dedicó grandes esfuerzos a la reivindicación de la profesión y a la promoción de las bibliotecas.
Oriunda de la provincia de Coclé, Ana María Jaén y Jaén, se forjó en la Escuela Normal de Institutoras. Obtuvo un título de Licenciada en Biblioteconomía en la Universidad de Panamá, y cursó estudios en Archivología y Bibliotecas, en Madrid, España.. Prestó servicios en la Universidad de Panamá y en otros centros académicos.
Asumió la presidencia de la Asociación de Bibliotecarios de Panamá entre 1956 y 1957, consiguiendo que finalmente la Asamblea Nacional aprobara la legislación sobre bibliotecas por medio de la Ley N. 5 del 25 de enero de ese año.. El camino hacia una reglamentación de la carrera había quedado abierto para los futuros profesionales.
La falta de bibliotecas infantiles fue otra de sus preocupaciones. Frente a este vacío en el sistema educativo, creó un "Kiosco Infantil" en la Plaza de Santa Ana, para incentivar el hábito a la lectura. Esta iniciativa fue una de las mejores campañas realizadas para combatir la delincuencia infantil y juvenil en la ciudad capital.
Gracias a su labor se realizaron las Primeras Jornadas Bibliotecarias de Panamá (1956 ) inaugurado por el entonces presidente de la república, Don Ernesto De La Guardia Jr., que además, contó con la asistencia de expertos en temas bibliotecológicos de la UNESCO y de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.
Ocupó la Dirección de la Biblioteca Nacional desde 1957 hasta 1966, logrando trasladar en 1961 la sede de la Biblioteca ubicada hasta entonces junto a la Presidencia de la República, a un edificio más amplio, al frente del actual Palacio Legislativo.
En sus 9 años de gestión , efectuó notables avances. Se preocupó por continuar con los programas de mejoramiento del recurso humano a través de cursos de capacitación. También contribuyó al perfeccionamiento del servicio bibliotecario y creó un programa gubernamental destinado a reforzar las bibliotecas escolares.
Le confirió a la Biblioteca Nacional en un papel importante durante la Semana del Libro y sugirió la creación de un departamento de extensión para atender las bibliotecas públicas del país. Además logró incrementar el fondo bibliográfico a 55 ,198 títulos. Esto gracias a su política de intercambio de obras con librerías locales y extranjeras, para lo cual contó con el respaldo de 25 embajadas acreditadas en el país.
Hoy, la Biblioteca Nacional goza de una infraestructura envidiable en la región. Cuenta con un personal que día a día se esfuerza por prestar un servicio de calidad, teniendo como premisa el valor que representan los libros para el desarrollo y crecimiento personal y profesional de la población..... Feliz Día del Bibliotecario!!
Una lámpara que cuelga en el medio de la sala fue fabricada por sus manos, con una pieza de una lavadora en desuso y unas botellas de vino. Un recubrimiento de las paredes de la sala también fue trabajado por sus manos, que aparte de teclear, también unían cables y maderas y tapizaban muebles.
Sinán estuvo consciente de que Panamá era un territorio muy pequeño para poder vivir de los libros. En ocasiones buscó contactos para que sus obras salieran del país y que las leyeran en otras lenguas. No logró mucho terreno en este cometido. Pero este tropiezo nunca le quitó el impulso para escribir.
En sus obras, y con las herramientas de esos años, a principio de siglo XX, fue muy prolijo. Las correcciones las hacía cortando las palabras del papel con una hoja de una navaja y luego las unía.
Para la recreación de algunos de sus personajes se adelantó muchos años al personaje de Pedro Camacho de Vargas Llosa, en la novela "La tía Julia y el escribidor", quien para escribir sus radionovelas se disfrazaba según el personaje. Sinán, recreaba la locación en su casa y los objetos a describir.
En 1937, y durante dos años, fue nombrado cónsul general de Panamá en Calcuta. Fue director del Departamento de Bellas Artes de Panamá, de una compañía de teatro popular y de una Biblioteca Selecta, de la que se publicaron veinte números de cuentos.
Si prestaba un libro lo apuntaba en un cuaderno. Aprendió a empastar los libros más derrotados por el tiempo y las polillas.
A los noventa años y con problemas en la vista asistió al Festival de la Poesía en Cali, Colombia, acompañado de la escritora y amiga Moravia Ochoa.
"El maestro" tenía 90 años años, pero nunca pensaba en los años, comparte Ochoa, quien era una de las escritoras que él había adoptado para que le leyeran los diarios, revistas y libros porque ya no podía hacerlo por sí solo. "Le gustaba mucho que le leyera la novela Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez".
Sobre la obra de Sinán, Ochoa comenta que "La boina roja" es la novela corta más conocida, pero él cultivó varios géneros, destacándose más el cuento.
El siempre tenía una palabra afable para los que visitábamos, a los que se iniciaban en las letras les aconsejaba que tomaran la lectura como único medio para lograr mejores obras, agrega Ochoa.
Este año se publicarán dos obras de teatro inéditas que el escriba regaló a la Academia Panameña de la Lengua.
Por su vínculo con la lucha por la soberanía, la escritora cree injusto la difamación de que fue objeto el escritor luego del cambio de Gobierno, ello, por el sólo hecho de defender la soberanía.
En su honor, la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) anuncia hoy lunes , a las 2:30 de la tarde el ganador del Premio de Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2006 -2007, que entrega al ganador un premio en efectivo de 4 mil balboas, además de la impresión de la obra.
Bernardo Domínguez Alba es considerado un exponente del realismo mágico. Él mostró su mejor cara a la vida hasta el último día de su muerte. Un día antes de esa partida, a los 92 años, se afeitó. Antes de su partida dejó algunas directrices. A su hijo le pidió le cremara. Donó parte de su biblioteca a dos instituciones públicas, el resto se conserva en su lugar de trabajo.
A sus ochenta años visitó Italia, pero no quiso ver a su primera esposa, porque no quería perder esa imagen que tuvo cuando jóvenes.
Dos años antes de morir, es decir, a sus noventa años, viajó a Colombia, esto demostraba otra pasión más que tuvo por las alturas y los paisajes extranjeros.
Es un adelantado a su época. Cuando describía un personaje, se apoderaba físicamente de éste. Si era un médico, se vestía como tal, igual de mendigo, u otro.
Fue arriesgado con su futuro, pero previsor con el de sus hijos. No quiso que experimentaran la difícil vida de un escritor. La edad nunca fue un obstáculo para crear, vivir y hacer.
Su primer carro lo compró por cien dólares, al tiempo vendió sólo las llantas en ese precio.


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275414
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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