Variedades

Anatomía del ‘omellete’ perfecto

Quienes me conocen bien saben que en lo que respecta a comida puedo ser sumamente necia, usualmente me cuesta disfrutar de platos en la calle, que yo probablemente podría preparar mejor en casa.


Quienes me conocen bien saben que en lo que respecta a comida puedo ser sumamente necia, usualmente me cuesta disfrutar de platos en la calle, que yo probablemente podría preparar mejor en casa. Aclaro esto, no soy una de esa comensales insoportables que se queja de todo durante la velada, usualmente pongo una buena cara y sonrisa y disfruto del momento y de la compañía sin decir nada y ya, luego en conversaciones posteriores, cuando analizo el lugar o la comida y me piden opiniones, es cuando comento acerca de mi experiencia.

Este fue el caso, hace algunos meses, cuando visité un local en el que sirven desayunos durante todo el día. Como era de mañana, me decidí por un omellete, que si mal no recuerdo, tenía vegetales y queso en el relleno. Cuando el plato llegó a mi mesa, por mi mente pasó una gran cantidad de pensamientos. El principal fue que atrás alguien en esa cocina acababa de aniquilar al pobre ingrediente y que cualquiera de mis profesores de Cocina, al verlo, hubiese tenido un infarto cardiaco inmediato.

El “supuesto” omellete estaba completamente recocido, con áreas o puntos muy dorados, a mi concepto, casi quemado y chicloso, por falta de otra palabra mejor para describirlo. De más está decir que esta fue una comida que no disfruté.

 

Los panameños, por cultura, tendemos a cocinar mucho nuestros alimentos. Esto me ha pasado, no solo con este plato, sino con tantos otros, la diferencia es que usualmente para carnes y ciertos pescados se suele preguntar el término, lo que ayuda a prevenir la situación. Cuando se va aprendiendo que muchos alimentos no requieren tanta cocción como pensamos y se prueba la diferencia, no se puede volver atrás y esta tendencia a recocinar desaparece por siempre.

Este es el caso del omellete, recuerdo bien la clase en la que nos enseñaron por primera vez a hacer uno clásico, al estilo francés, la clave es que debe quedar al final de la cocción muy esponjoso y su color completamente parejo y claro, no debe tener puntos dorados ni chocolates en ninguna área de la superficie. Para esto, el huevo debe cocinarse a una temperatura baja y revolviendo constantemente, casi como si se estuviesen cocinando huevos revueltos, cuando empieza a ponerse firme se debe dejar de revolver, colocar los rellenos y doblar para pasar al plato inmediatamente. La regla de oro es que se si ve cocido en el sartén estará recocido en el plato, por lo que debe retirarse cuando todavía no está completamente firme.

El color y la forma serán perfectos, tanto que no querrán ni partirlo, pero sobre todo su sabor y textura serán excepcionales, créanme que al probarlo quedarán convertidos para siempre al igual que yo.

 

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942213
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América