Así proyectaron modistos y diseñadores otra jornada que anticipa las creaciones que deben dictar el orden estético del próximo verano austral en Brasil, en la séptima edición del Festival de la Moda en Río de Janeiro.
Los tejidos leves, los colores vivos y el alborozo de la belleza anticiparon las tendencias de la estación veraniega. La colección de la estilista Marcela Birzi fue una especie de llamado a la mujer sofisticada que no tiene miedo de brillos y escotes, constituido en vestidos delicadamente ajustados al cuerpo, con generosas aberturas en la espalda y luces emitidas por accesorios que obligan a pensar en las codiciadas perlas.
Una firme sombra verde en los ojos para dar efecto de fantasía en una noche en la que puede ocurrir cualquier cosa.
Prendas minúsculas de baño con el color blanco como marco de frutas rojas y amarillas, o con el rojo en el fondo de diseños resaltados por bolas gigantescas formaron parte de la pasarela. Collares con gigantescos eslabones esféricos en blanco y negro, pulseras gruesas con la misma mezcla cromática destacan entre los accesorios sugeridos por Salinas en su nostálgico desfile que evoca la alegría de los años cincuenta.
Quimonos y mini-quimonos, una idea importada de Japón, donde nació el suegro de la estilista brasileña Lucy Góes, dieron forma a la colección veraniega de la casa "Lucy in the Sky".
Grandes flores estampan los vestidos en los que se mezclan además tonalidades lila, verde, naranja y amarillo.
Río de Janeiro vio desfilar a grandes estrellas como Gisele Bündchen, Isabeli Fontana, Naomi Campbell y Geisa Chiminazzo.
Además, el evento sirvió de motivación para impulsar dos ferias de negocios: la Fashion Business y Jóia Brasil, que han atraído a la ciudad a 130 compradores de todo el país, y a unos 70 de América y Europa.