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Antioxidantes: ¡Que no falten en tu mesa!


Para mantenerse joven, sano y en forma el mayor tiempo posible, prevenir las dolencias y trastornos que más nos amenazan, y fortalecer el cuerpo y la mente cuando están agotados o deben afrontar un esfuerzo excepcional, no hay que hacer a un pacto con el diablo, utilizar una varita mágica o pagar fortunas a un centro médico.
Para lograr estas maravillas sólo hay que incluir en la alimentación cotidiana una buena dosis adecuada de antioxidantes: esas vitaminas, minerales y componentes de las comidas que al ser los peores enemigos de los radicales libres que dañan las células se convierten en los mejores amigos de la salud.
Si quiere una existencia más larga y saludable, que los antioxidantes no falten en su menú; si no puede incorporar los suficientes a través de la dieta o debe hacer frente a situaciones de mayor demanda fisiológica, recurra a los suplementos dietéticos bajo control médico.
ANTIOXIDANTES VS RADICALES
Si nuestra salud depende de la salud de cada una de las células que forman los tejidos y órganos, la salud de las células depende del estado de sus membranas, que rigen los fenómenos vitales celulares y albergan parte de las defensas inmunitarias.
Uno de los principales enemigos de las membranas celulares son los radicales libres, unas moléculas incompletas, incontroladas y muy reactivas, que lesionan las membranas celulares y tienen una gran capacidad para reproducirse mediante reacciones en cadena sucesivas.
En nuestro cuerpo se dan continuamente reacciones en las que interviene el oxígeno, las cuales permiten generar energía y que aunque necesarias son potencialmente nocivas. Estas reacciones oxidantes generan radicales libres, que se multiplican y oxidan con celeridad gran cantidad de células, haciendo que no operen bien o mueran si el daño es muy grande.
Los antioxidantes son una serie de sustancias que inhiben o suprimen los fenómenos bioquímicos que inducen la formación de radicales libres, neutralizándolos, y que ayudan a detener las reacciones oxidantes, contribuyendo a prevenir o limitar las enfermedades o trastornos ocasionadas por la oxidación de las células.
Según los expertos se necesita una dosis extra de antioxidantes en las situaciones en que se acelera el proceso metabólico, aumentando la producción de los dañinos radicales libres o reduciendo la de las protectoras enzimas antioxidantes.
La proliferación de radicales libres o la reducción de las enzimas protectoras se produce cuando la persona está agotada física y emocionalmente o sufre estrés, sufre alguna dolencia o proceso inflamatorio, lleva un tratamiento con medicamentos prolongado e intenso, practica una actividad deportiva de alto rendimiento o está convaleciente de alguna enfermedad.
Entre los alimentos naturales con mayor poder antioxidante destacan la levadura de cerveza (rica en selenio y zinc, dos minerales antioxidantes que tienen una posible acción preventiva del cáncer), el germen de trigo (una de las principales fuentes de vitamina E, así como de zinc y selenio, todos antioxidantes importantes) y el aceite de oliva virgen (una gran fuente de vitamina E, la cual no se pierde en el refinado, como sucede en los demás óleos).
TODOS Y CADA UNO
Uno de los principales antioxidantes es el betacaroteno, un pigmento que el cuerpo convierte en vitamina A, es eficaz contra el oxígeno aislado y el aún más destructivo oxígeno triple: radicales libres causados por la polución y el humo de tabaco, y que afectan el material genético celular, las grasas y ácidos grasos, dañando los tejidos, especialmente los pulmones y la piel. Brinda una especial protección contra el cáncer y se
encuentra en las zanahorias, el melón, el albaricoque, los boniatos, y en general, todas las frutas y hortalizas rojas y de color naranja.
Aunque es menos protector que el betacaroteno, la vitamina A (un nutriente inmunológico necesario para una visión correcta, sobre todo de noche) tiene una decisiva actividad antioxidante que protege contra problemas pulmonares, tejidos del aparato respiratorio en general y de las membranas mucosas. Está presente en la mantequilla, los huevos, la leche entera, el pescado azul, así como en las zanahorias, melones y albaricoques.
La vitamina C es un potente protector contra el daño que producen los radicales libres de toxinas como el monóxido de carbono, los aldehidos, el cadmio y los hidrocarburos polinucleares, que llegan al cuerpo a través de la contaminación ambiental, produciendo daños, mutaciones y muerte celulares. Se encuentra sobre todo en las verduras, hortalizas, tomates, patatas, cítricos, fresas, kiwis, pimientos rojos, brécoles y col de Bruselas.
Otro importante antioxidante es la vitamina E, que protege contra la oxidación de las grasas en la célula, junto con el selenio, previniendo sus cambios o muerte, y contra las complicaciones cardiovasculares asociadas a la oxidación de las grasas y el colesterol de la sangre. Contienen esta vitamina los aceites de semillas, el trigo germinado, los huevos, la mayonesa, los cereales integrales y los cereales fortalecidos.
El selenio ayuda a eliminar los radicales peróxidos, que afectan el material genético celular, el colágeno, y los lípidos de la sangre, perjudicando la función cerebral, los vasos sanguíneos, la piel y la coagulación. También trabaja con la vitamina E para prevenir la oxidación de las grasas en las células, y es un potente desintoxicador de metales pesados que generan radicales libres, como el cadmio, el plomo, el mercurio y el aluminio, que llegan al organismo a través de la contaminación, el tabaco, los empastes dentales y ciertos productos de uso diario. Este mineral protector se encuentra en las carnes, órganos, pescados, coles y cereales.
Otro mineral con cualidades antioxidantes es el zinc: un oligoelemento, que interviene en todos los mecanismo celulares, especialmente en la piel, ayuda a eliminar los radicales superóxidos, que afectan las sustancias celulares implicadas en los trastornos de las articulaciones y las cataratas. Participa en muchas más reacciones bioquímicas que los demás nutrientes, y ayuda a eliminar ciertos metales pesados, como el plomo, que son otra fuente de radicales libres perjudiciales. Está presente en el pescado, las ostras, la carne vacuna, las aves, el hígado de cerdo y vaca, el trigo germinado, el cangrejos y la soja.
SON UN SEGURO DE VIDA
Los estudios y los expertos más serios indican que el consumo regular y suficiente de antioxidantes a través de la dieta ayuda a prevenir las cataratas, una causa común de ceguera, al proteger las lentes oculares del daño oxidante de la luz solar.
Un buen aporte de antioxidantes también ayuda a proteger los pulmones del daño oxidante de sustancias contaminantes del aire como el ozono y el bióxido de carbono, a reducir el riesgo de males cardíacos, al impedir que se oxide el colesterol, el cual se acumula en forma de placas en las arterias. Estas sustancias también contrarrestan el envejecimiento, que es acelerado por los radicales libres, a prevenir que aparezcan dolencias vinculadas a la edad, y a aumentar las expectativas de vida, al combatir la muerte celular.
Por si fuera poco, además contribuyen a evitar la aparición del cáncer (al prevenir la mutaciones de las células que al subdividirse pueden producir distintos tumores), a impedir la artritis (debida a los daños que causa la oxidación en las uniones de los tejidos y el fluido que lubrica las articulaciones) y a evitar las arrugas y manchas de la edad (al contrarrestar los procesos bioquímicos que dañan los tejidos y células de la piel).
Para la doctora Pilar Riobó Serván, del Servicio de Endocrinología de la Fundación Jimenez Díaz de Madrid, "una dieta variada y equilibrada garantiza los requerimientos de antioxidantes en una persona sana, sin que necesite tomar suplementos dietéticos, cuyos efectos y dosis idóneas todavía no han sido estudiados suficientemente".
LA DIETA ANTI-RADICALES
Para ello, durante de la semana hay que tomar comidas de los 7 grupos alimentarios: proteínas (carne, pescado, huevos), grasas (aceites y mantequilla), lácteos (leche y derivados), cereales (arroz, harinas), verduras (y hortalizas), frutas y legumbres. "Para que esta alimentación sea beneficiosa además se debe mantener un equilibrio entre las kilocalorías que se ingieren y las que consume el organismo, y mantener unos porcentajes equilibrados entre los tres nutrientes principales, sin excederse ni restringir ninguno: proteínas, carbohidratos y grasas", señala.
"Estas condiciones las cumple la dieta mediterránea, aunque ahora se ha desequilibrado con un exceso de grasas y proteínas y debe tener una mayor presencia de carbohidratos complejos, no azúcares, como los almidones vegetales", explica Riobó.
Otra de la claves para garantizar un aporte adecuado de antioxidantes es comer abundantes frutas, verduras y hortalizas. "Aunque tienen un papel importante en la salud y efectos favorables en ciertas cardiopatías, no se indica suplementar antioxidantes, salvo casos de ciertas carencias o enfermedades, porque los estudios sobre su dosis idónea son insuficientes y contradictorios, y sugieren que en cantidades altas, pueden tener una acción contraria y dañina, como prooxidantes", señala Riobó.


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40416
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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