MÓNICA Lavín escribe desde que tenía 13 años. Pero antes de esas dos "novelitas" de amor, a los nueve años sufrió de hepatitis durante dos meses. En esos sesenta días, comenzó de lleno en la lectura de dos libros que una tía le regaló. Hoy los considera fundamentales en su carrera de escritora.
Lavín nació en México. Estudió biología y también trabajó en esta rama de la ciencia. Durante los años de universidad, asistió a talleres de creación de cuentos. Uno de éstos fue con el escritor argentino Mempo Giardinelli, a quien considera su guía.
Antes de dejar del todo la biología, Mónica escribió libros científicos para jóvenes sobre temas ecológicos. Y cuando comunicó la decisión de solamente ser escritora a sus padres, no les alarmó.
Me gusta la concisión del cuento.
Cuando publiqué mi primer libro, no sentí que tenía los pies en las letras. Eso fue cuando tenía 30 años. No estaba en el mundo de los escritores. Dejé ese libro en una institución que publicaba libros a escritores menores de 30 años, sólo una reseña.
Cuando se publicaron reseñas de mi libro de cuentos que se llama "Nicolaza y los encajes", que tardó tres años en la imprenta. Además había dejado los trabajos que hacía, como ayudar a mi papá en un negocio. Con ese libro, sí se escribieron reseñas.
He realizado muchos trabajos, pero todos relacionados con la palabra escrita, como periodista cultural, guionista, editora, profesora en cursos y en una universidad.
Cuando escribo una novela, lo que hago es escribir unas tres horas en la mañana, puede ser de 7: 00 a 11: 00 a.m. Pero para leer, prefiero las mañanas y tardes del fin de semana.
Para mis lecturas, trato de combinar los clásicos con los autores nuevos. Éstos últimos los busco luego de ver reseñas o cuando descubro un autor.
Nieve de Orham Pamuk (premio Nobel 2006), pero me está costando un poco de trabajo leerla.
Nunca he pensado dejar la escritura, si me costó tanto trabajo dejar la biología. Es como decirle a alguien que la está pasando bien: Oiga, ¿usted quiere dejar de pasarla bien?
Se publica todo lo que escribo. Mira, eso no lo había pensado y debe darme satisfacción.
Tocas un punto importante porque para mí, el espacio es fundamental. Me gusta escribir aislada. Me costaría mucho trabajo llegar a escribir en una cafetería, por ejemplo, necesito aislamiento, concentración y música clásica.
La laptop, porque aunque escribo en computadora grande, la laptop me sirve para irme para otro lugar, a los hoteles, por ejemplo, que son lugares tranquilos o casas de campo.
Primero, hace uno una especie de cala (lectura) de los tres primeros cuentos, dependiendo de la longitud de la obra. Y para evaluar la obra completa, se tenía que ver el conjunto, aunque en un volumen de cuentos no todos los cuentos son estrellas. En la mayoría de los cuentos participantes, se notaba que habían cuentos más trabajados que otros.
Todos hemos incursionado en los premios. ¿Crees que no queremos ese premio?, tanto económicamente como por la proyección, pero no todas las novelas ganan, ¡no!
Apetitos escritos de Mónica Lavín
Lavín estará en Panamá hasta mañana, viernes, invitada por la Universidad Tecnológica.