Cuando un niño o niña se muestra renuente a ir a la escuela, hay que indagar bien a qué se debe esa fobia escolar. La cosa se pone peor si inventa achaques para ausentarse: “Si ha somatizado emociones: le duele el estómago, la muela, la cabeza...”, entonces, a juicio de la psicoterapeuta Lizeyca Villamil, con mucha más razón hay que preguntarse verdaderamente cuál es la raíz del problema.
Definitivamente, no hay nada malo en sentirse de vez en cuando cansado, aburrido, hasta triste. Pero, pudiera ser que está desubicado/a o que algo más grave sucede.
Claro, que también puede ser mera frescura o vagancia del niño/a. Lo que debe hacerse es tratar de analizar por qué se resiste a ir a la escuela. Y, quizás permitirle que se quede en casa una vez (pero no tirado/a en la cama sin hacer nada o sólo viendo televisión, porque si su enfermedad no es real, entonces es como dejarle que se salga con la suya), pero, al día siguiente no dude en mandarle a clases. Y si se resiste, vaya usted con él/ella y trate de averiguar las causas de esa fobia escolar. Mientras más tiempo esté en casa, más clases pierde y más difícil va a ser que regrese.
Ahora bien, de acuerdo con Villamil, los menores cuyos padres tienen problemas en la relación en pareja y sopesan la posibilidad de separarse o divorciarse, y discuten en presencia de sus hijos/as, suelen mostrar elevados grados de ansiedad y temen separarse de ellos porque piensan que cuando regresen del colegio alguno de ellos se habrá ido.
Algo similar sucede cuando el pequeño ha perdido a algún familiar muy querido o lo tiene muy enfermo/a.
Por otra parte, pudiera ser que no se siente a gusto en la escuela, le falta motivación por parte del docente o alguien lo/la está molestando o burlándose de él/ella y teme quejarse con la maestra o con sus padres. Hay niños/as que amenazan a otros/as y les hacen la vida imposible, pero éstos/as se lo aguantan calladamente porque temen represalias.
Ahora bien, si se trata de un menor con discapacidad, pudiera ser que por falta de conciencia entre sus compañeritos respecto a que mofarse de su condición especial constituye una afrenta, otros niños/as lo/la rechacen, marginen o estigmaticen, lo cual le hace sentirse incómodo/a y por eso, busca excusas para faltar a clases.
Cuando hablamos de fobia escolar, no podemos olvidar tampoco que en estos tiempos más que nunca hay que observar bien la conducta infantil y juvenil, porque a la orden del día están los adultos que acosan sexualmente a menores de edad.
Se requiere, pues, un diagnóstico y tratamiento oportuno de la situación. Hay que descartar cuanta posibilidad sea necesario para hallar pronta solución.