En los centros de trabajo, en colegios y universidades se activa en diciembre el conocido juego del amigo secreto.
Quienes participan lo hacen porque les encanta el misterio, participar de actividades en grupo y compartir.
Pero, a veces el amigo secreto se convierte en un juego indiscreto y provoca sinsabores. El juego se inicia con un sorteo de nombres (generalmente hombres y mujeres), le sigue un periodo de intercambio de presentes y finaliza con la entrega del regalo final.
Los organizadores fijan una cuota mínima para que ese obsequio final no cause disgustos, pero no faltan los que violan la regla y ¡zas!, entregan un regalo que deja al receptor de mal humor.
José Ernesto es uno de esos sorprendidos, pues tan fino como es, le compró a su protegida una linda blusa. Pero su ángel se vistió de humildad y le entregó un dulce de frutas. Mejor ni imaginarse la cara que puso.
"No es que me importe el precio, pero tampoco esperaba recibir semejante cosa. Además, mi ángel me mantuvo olvidado todo el tiempo y yo esperaba que se reivindicara", dice con tono de reflexión.
No obstante, aplicó el refrán de que un clavo se quita con otro clavo, y participó nuevamente para ver si su suerte había cambiado. Han pasado varios años y no se arrepiente, pues parece que esta vez sus angelitas sí han bajado del cielo.
Julio es otro profesional al que le gusta compartir mediante este juego. Dice que no le ha ido mal, pero durante varios años sus angelitas no saben darle más que pastillas. "¡Me volverán diabético!", dice con una sonrisa.
De sus experiencias no tan dulces recuerda cuando le regalaron una taza como regalo final. ¿Y qué tenía la taza adentro?, le preguntamos. "Nada, solo la taza", responde asombrado aún.
La lista de inconformes y quejosos se extendió durante el sondeo que realizamos. Mi ángel era olvidadizo, tacaño, fresco, son algunas de las quejas más frecuentes.
Una entrevistada dice que una mala experiencia fue suficiente para ella y no está dispuesta a sufrir más con "ángeles caídos".
Su ángel nunca le regaló nada y nunca dio la cara, mientras ella sí cumplía con su protegido.
Hay otro caso de una joven que, llena de alegría y rodeada por el misterio que envuelve estos casos, se esmeró por comprar un arreglo con globos y un peluche. Llegó el día del intercambio y su ángel le entregó un juego de un espejo con una peinilla. Pero eso no fue todo, pues la peinilla era de tan mala calidad que cuando llegó a la casa, se le habían caído unos dientes. ¡Qué terrible!
"A mí una vez me regalaron un chocolate chiquito y todo aplastado". Esa es la queja de otra chica a la que le gusta participar en el juego. Tratamos de consolarla diciéndole que a lo mejor su ángel viajaba en bus y tuvo que cargar el chocolate en el bolsillo. Pero parece que nuestro argumento no la convenció.
No faltan los que quieren darle otro matiz al asunto pero terminan en lo que la mayoría: la gente sí se fija mucho en el regalo final. Otra joven cuenta que en su trabajo habían puesto una cuota mínima de B/. 10.00 para el regalo, pero a ella le dieron una cartera de tan mala calidad y baratona, que tan pronto la sacó de la caja, comenzó a deshilacharse por un lado.
Las lluvias de quejas siguen, pero en el sondeo quedó claro que a la mayoría le gusta el misterio y son gente con esperanza.
Si con este juego son felices y se distraen, entonces que ¡viva el amigo secreto!, que se levanten esos ángeles caídos, que recobren la memoria los olvidadizos y que se vuelvan generosos los tacaños.