Si lo que quiere es sentirse jovial, luego de un día ajetreado y donde la carrera contra el tiempo la deja exhausta, qué mejor manera de recargar las baterías que darse un rico baño con fragancias y aceites esenciales.
Puede hacer de este momento uno especial. Donde saque usted el mayor provecho.
Ante todo, decida cuánto es el mínimo de tiempo que destinará a tal disfrute. Disfrute que le pagará con moneda de oro: limpiará su cuerpo de impurezas, reafirmará su piel, la llenará de energía y le permitirá inundar su mente con pensamientos positivos.
Luego, proceda a llenar la bañera con agua tibia. Tenga cuidado que sea tibia, ya que si está muy caliente provocará el efecto contrario, atentará contra su piel y bienestar general. La resecará. Elija de entre una amplia gama de opciones, la esencia favorita y añádala a la bañera.
Cierre bien la puerta para asegurarse de que se concentren fragancias y vapor.
Póngase cómoda, cierre los ojos, piense en cosas agradables y relájese.
Sienta cómo lentamente alivia la pesada carga de tensiones que le resta vitalidad. Uno por uno vaya relajando sus músculos. Uno, dos, tres...
La acción benéfica del agua sobre su cuerpo bien pronto se hará sentir. Máxime si complementa la hidroterapia con la musicoterapia. Entonces, notará cómo dos útiles herramientas se complementan para hacer que cuerpo y mente entren en un estado de armonía y paz sin igual.
Si prefiere el silencio, también es válido. Usted y su yo interno, conquistarán, igualmente, esa tan anhelada sensación de bienestar óptimo. Cuando salga de la bañera estará renovada, plena de entusiasmo. Liviana. ¡Feliz!