El machismo aún se mantiene arraigado en la conducta de muchas personas y a pesar de la lucha que ha mantenido por años el sexo femenino, por ocupar el lugar de igualdad en la sociedad, persiste el troglodismo y la mentalidad "aldeana" en miles y miles de humanos que cohabitan en este moderno mundo.
¿Sabía usted que aún existen sistemas de gobierno, en donde la mujer aún está subyugada, mancillada y dejada a un segundo plano? Lamentablemente así es, amigo lector, y aunque no se quiera reconocer la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, a sabiendas que es la esencia en el desarrollo de todo grupo social.
En parte, este es el planteamiento que nos ofrece la puesta en escena de la pieza teatral "Mamá no hace nada", del escritor panameño Alfredo Arango y que se presenta hasta el 27 de mayo en la sala del Teatro en Círculo, bajo la dirección del maestro Edwin Cedeño.
Aunque el texto de la obra parece un discurso repetitivo, que hemos escuchado por años y años, Arango hace uso de su don literario para replantearnos una problemática, que pese a los avances de toda índole, se mantiene vivo y aparentemente imperecedero en nuestra condición de seres humanos.
Remarcar esta anomalía y buscarle soluciones, es tal vez el compromiso que asume este escritor, haciendo de esta manera gala de sus conocimientos como profesional de la Psicología y la Comunicación Social.
El mismo Arango aduce que el texto de "Mamá no hace nada" nace de la experiencia de un período en que su esposa Isabel se ausentó por dos meses del país. "En ese momento pude valorar lo que su gestión representaba en la vida familiar. El trabajo doméstico, es una ocupación subestimada y la mujer ha creído siempre que le toca a ella hacerlo, por la certificación que ha hecho a través de generaciones, la sociedad", sustenta este dramaturgo en el programa de mano de la obra.
Para hacer más efectivo el mensaje de su obra, el también productor requirió del talento del director Edwin Cedeño, quien con un selecto elenco, se adentra una vez más en técnicas teatrales que con el correr del tiempo han sido desplazadas en nuestras salas por el sopeteado realismo.
Cedeño, como ha sido evidente en sus montajes en los últimos años, ha puesto en moda en las tablas panameñas lo farsesco combinándolo con lo absurdo, haciendo uso de un sinnúmero de experimentos y rejuegos de técnicas, consagrándose o confesándose como un discípulo del Eclecticismo.
Cuando tiene la esencia de lo que desea expresar, decide por agigantar y distorsionar los movimientos y expresiones del actor, revelándose contra la realidad con el interés que el público se percate que tan fuera de contexto puede encontrarse en muchas ocasiones.
Adopta de esta forma una especie de burla, pero al mismo tiempo recrea situaciones para hacer llamados de alerta ante una crisis que nos golpea sin piedad a respirar.
Estamos seguros que para Cedeño no fue fácil enfrentarse a un texto un tanto consabido, pero al mismo tiempo crudo en su planteamiento general. "Mamá puede hacer de todo, pero quien la considera a ella", es la pregunta obligante en este caso.
Es oportuno sustentar que en cada dirección este maestro "en boga" cuida celosamente muchos detalles que hacen de su trabajo algo especial. La precisión y fineza en elegir conceptos, se reflejan con gran agudeza en el escenario.
Pues bien, "Mamá no hace nada" no escapa a este tratamiento en cuanto a diseño escenográfico, de vestuario, sonido y luces, que se combinan con la ambientación que aporta la utilería y mobilario que se utiliza.
En este montaje deja muy claro que es el actor es el que cuenta y no aquellos fastuosos accesorios que le acompañen.
En cuanto al texto mismo de la obra, creo que Cedeño debió negociar más con Arango para pulir algunas escenas que en papel resulta más llevaderas, pero en escena le restan movilidad a la acción.
No obstante, resulta sorprendente la disposición de los actores a jugar con su cuerpo, mente y voz. Cada uno saca provecho del talento interno y lo evidencia externamente con mucha seguridad y con una naturalidad exquisita.
Cloty Luna, Edgar Sánchez Romero y Ceila González --figuras reconocidísimas en el ámbito teatral-- elaboran un trabajo actoral de altura que era de esperarse; complementado con el encanto juvenil y la destreza artística de los hermanos Arturo y Laura Wong, además de Juan Vicente Ruiz, una nueva cara en las tablas nacionales.
Ellos son los protagonistas de esta comedia que al tiempo que nos hace reír, también nos pone a pensar sobre lo importante que es darle el lugar a la persona que se lo merece.
¡Uuuaahhh y que excelentes actuaciones nos demuestran estos actores que aún nos causa mucha gracia recordar aquellas escenas, donde los varones hacen de mujer y las damas de hombres!