Ponga un alto al ruido al que expone a sus oídos si quiere evitar daños a su sistema auditivo, es el consejo que Rolando Muñoz, otorrinolaringólogo envía a la comunidad en ésta, la Semana Contra el Ruido.
Asimismo, pone de relieve que quienes visitan a menudo las discotecas y se exponen a música por encima de los 80 decibeles (unidad de medida de la potencia o intensidad del sonido), así como un número significativo de conductores de transporte colectivo y muchachos que usan walkman a altos volúmenes son candidatos a sufrir de hipoacusia neuro sensorial, porque las células nerviosas del oído interno están siendo destruidas.
"Los decibeles son medidos logarítmicamente. Esto significa que la intensidad se incrementa en unidades de 10, cada incremento es 10 veces mayor que el anterior. Entonces, 20 decibeles es 10 veces la intensidad de 10 dB, y 30 dB es 100 veces más intenso que 10 dB".
Por otra parte, "aunque las personas difieren en su sensibilidad al ruido, en cuanto al tiempo máximo que la mayoría de las personas toleran (sin protección) ciertos sonidos por encima de 80 decibeles, tenemos que ocho horas en el caso de sonidos como el de cortadora de pasto, herramientas pesadas, tráfico pesado (90 decibeles); en tanto que los de las motosierra, martillo neumático(100 decibeles) únicamente 2 horas por día; concierto de rock pesado, bocina de auto (115 decibeles) 15 minutos por día".
Una de las formas más efectivas, según la doctora, de que nuestros hijos eviten o combatan la obesidad es inculcándoles un deporte que les garantice actividad física placentera. Su consejo es inscribirlo cada verano en un deporte diferente hasta que encuentre el que más le agrade.
Enseñe a sus hijos a elegir sus alimentos. Siéntense juntos y hablen de calorías, grasas y azúcares para que aprendan sus efectos en el organismo. Oblíguelo a comer vegetales, sino enteros, molidos en la carne o en el arroz. Procure que sus comida sean saludables, variadas y atractivas. Sustituya los postres azucarados por fruta. Finalmente, ponga el ejemplo. No le diga a su hijo que haga deporte, si usted está todo el tiempo frente al televisor.
Si su hijo tiene problemas con la obesidad, no lo recrimine; después de todo quién es el encargado de alimentarlo o darle dinero para chucherías, sí es usted. Consulte a un nutricionista o un médico familiar que le brinde un programa que vaya de acuerdo a las necesidades nutricionales y calóricas de la etapa de desarrollo de su hijo. No se atreva a ponerlo a dieta por sus propios medios, además de peligroso puede ser contraproducente.