Berlín es ahora la capital de Alemania y gran parte de sus antiguos edificios son restaurados como parte de un proceso que dura ya unos 10 años, justamente desde que se inició la reunificación de Alemania Federal con la República Democrática de Alemania, ambas divididas como consecuencia de la segunda guerra mundial, hasta 1989.
Del famoso muro que dividía en Este y Oeste a Berlín, y en consecuencia a Europa, ya sólo quedan unos tramos y vetustas torres de vigilancia que más bien forman parte de un atractivo turístico para los foráneos y, para los nacionales, un símbolo de lo que no debe volver a ocurrir. También quedan trozos que se venden como recuerdo.
Fue precisamente en Berlín, delante de su imponente Parlamento, donde se izó la bandera federal de Alemania unida el 3 de octubre de 1990. Y fue también allí donde el 20 de junio de 1991, se decidió que Berlín fuera la sede del Gobierno y el Parlamento Federal, en lugar de Bonn.
Por doquier pueden observarse hoy, las grandes grúas con las que se trabaja en la restauración de edificios en lo que fuera la parte oriental (comunista), aunque también en la parte occidental, donde ahora son construidos grandes edificios modernos que complementan la arquitectura predominante en Berlín. De hecho, uno de los más modernos e imponentes, lo constituye la cúpula de cristal del Parlamento Federal, la que puede observarse desde cualquier parte de la ciudad, amén de la moderna estructura de vidrio de la nueva Cancillería.
Sus anchas avenidas, muchas de las cuales convergen en la Plaza de la Victoria o en la Puerta de Brandeburgo, conducen a hermosas plazas antiguas, como aquélla donde pueden observarse las catedrales gemelas de Francia y Alemania; o a otras tan modernas como la Potsdamer Platz, con su gran centro de entretenimientos y numerosos restaurantes.
Pero si el visitante desea tener una vista de toda la ciudad, no importa si mira al norte, al sur, al este o al oeste, entonces debe subir a la torre de televisión, en cuya cima redonda existe un mirador desde donde se observa todo Berlín.
Esta es una ciudad donde se siente la historia; casi puede palparse cuando se entra a los viejos edificios hoy restaurados y usados generalmente para oficinas gubernamentales. El progreso se respira en Berlín al mismo tiempo que se incursiona en épocas pasadas.
Ir a esta ciudad sin visitar los restaurantes bohemios ubicados en edificios del sector oriental que aún no han sido restaurados, es como no conocer parte de su historia, pues éstos aún presentan su fachada gris-cobre y ese aspecto añejo, producto de la falta de mantenimiento en lo que era la parte más pobre de la urbe. Sin embargo, esto es solo fachada. En su interior, se sirven los mejores platos de la comida alemana, acompañados de sus famosas cervezas, mientras se disfruta de música en vivo.
Ni hablar de los modernos centros comerciales y los museos, sobre todo, el que está al aire libre ubicado en las ruinas del edificio donde funcionó la SS alemana, así como el de Arte Contemporáneo y muchos otros.
Los edificios que albergan sus universidades son dignos de admirar por su hermosa arquitectura, mientras su ordenado y muy puntual sistema de transporte, llámese buses, tranvías o subterráneos, permiten al visitante trasladarse rápidamente y a bajo costo a cualquier sitio de la ciudad. Así es Berlín, una ciudad que fue testigo y protagonista de acontecimientos decisivos en la historia y que hoy, unida, ha vuelto a ocupar un lugar preponderante como metrópoli en el corazón de Europa.