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'bfLos abuelos son los "esclavos" de los nietos?

Cada vez es ms habitual que los abuelos ejerzan de "canguros". Son ellos quienes acompañan a los niños al parque, les dan de comer y juegan con ellos.


En los últimos años el rol familiar ha experimentado considerables cambios. Y un ejemplo clave es que la mujer ya no se queda en casa al cuidado de los niños, pues su participación en el mercado laboral ha aumentado.
Ello, unido a la prolongación de las expectativas de vida, ha propiciado que los abuelos, pero especialmente las abuelas, asuman en muchos casos el cuidado de sus nietos por imposibilidad de hacerlo sus padres o por la inseguridad que estos enfrentan ante los establecimientos que brindan servicios similares.
En Panamá, aproximadamente el 48% de las abuelas cuidan de sus nietos a diario, mientras que un 12% lo hace esporádicamente, revela la psicóloga Damaris Benítez.
Según el informe "Las abuelas, una institución de aprendizaje", presentado en el año 2005 en la ciudad de Washington, con el fin de investigar el papel de éstos en diferentes culturas en América Latina, los miembros de las familias esperan que los abuelos jueguen un rol importante en la educación, orientación y guía de las generaciones más jóvenes.
Pero más allá de esa guía que puede surgir ante este cuadro familiar, existen algunos casos en los que la ayuda de los abuelos se convierte en un fuerte eslabón para conciliar la vida laboral o personal de los padres.
Benítez asegura que, los padres prefieren al abuelo antes que a un ajeno o una guardería, porque es alguien cercano y de confianza, que socializará al pequeño en el mismo sistema de valores en que fueron criados. También enumera los que se ven obligados a convivir con ellos por fallecimiento o separación de sus padres.
Sin embargo, reconoce que muchas veces se abusa de los abuelos, sobre todo en situaciones de parejas muy jóvenes o de madres solteras que viven con sus padres.
De igual forma, las condiciones económicas de la familia hacen que sea necesario su ayuda, lo que constituye el síntoma principal del llamado clínicamente "síndrome de la abuela esclava".
"La mayoría de los abuelos no tienen ningún problema en ayudar a sus hijos, pero tenemos que entender que el cuidado de los nietos debe ser un deseo de éstos, nunca una obligación", manifestó la especialista.
Ángela Valderrama nos comenta que, cuidar a su primer nieto desde que nació, se ha convertido en una pasión a la que se entrega a diario. Y por su parte, a sus 11 años, Humberto la considera su segunda madre, pues es ella y su padre, son los que han estado al frente de su crianza.
"Para mi no es una obligación, al contrario, cuidar a un nieto es como la continuación de los cuidados que les he dado a mis hijos; me preocupo tanto por él como me preocupé por su padre cuando estaba pequeño", señaló Ángela de 53 años.
Una situación similar experimenta Judy de Ríos, de 57 años, que estuvo al cuidado de su primera nieta durante su primer año de vida. Con frecuencia, un estado de depresión la embarga al recordar que ya no está al cuidado de Danna, quien creció diciéndole mamá, y cuyos padres, optaron por la ayuda de un familiar que vive más cerca de su residencia.
"A veces, cuando tengo varios días sin verla, voy a buscarla a su casa y me la traigo para cuidarla", acotó.
Pese a que exista un mutuo acuerdo, cuando los abuelos asumen el cuidado de sus nietos, es importante que reciban apoyo para hacer menos difícil el rol de volver a educar a menores, cuya distancia generacional es amplia.
La ayuda y participación de los abuelos en la educación de los hijos puede proporcionar muchas ventajas en el círculo familiar, y también algunos inconvenientes.
En algunas circunstancias los padres se quejan de que los abuelos conceden a los nietos todos sus caprichos, y de que también muestran una actitud de querer ser más padres que los propios padres.
También hay que considerar que muchas veces ellos se ven obligados a renunciar a su tiempo libre y a sus actividades, que por edad deberían disfrutar.
Para limar todas esas asperezas, Benítez concluye que es conveniente que las funciones de cada cual queden explícitas y que no exista una gran contradicción entre lo que los abuelos transmiten y los hábitos de educación de los padres.
¿Cuántas veces hemos sido testigos de abuelas sobrecargadas de obligaciones?
Agobiadas y presionadas hasta el extremo, cargan con el deber de cumplir simultáneamente varias tareas con eficacia, acierto y puntualidad, siendo además responsables directas de sus nietos o hijos adultos no emancipados.
En algunos casos extremos llega a producirse el síndrome de la abuela esclava, un cuadro clínico de difícil diagnóstico, pues quien lo padece presenta síntomas de enfermedades comunes, aunque éstas no responden a tratamientos convencionales.
Todo esto provoca en la abuela un sufrimiento crónico y un notable deterioro de su calidad de vida.
Este síndrome se produce por agotamiento consecutivo a estrés o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos, sobre todo en relación con las responsabilidades propias de una ama de casa en ejercicio activo.
La coexistencia de otras enfermedades adelanta la aparición de manifestaciones clínicas y las agrava.
El síndrome de la abuela esclava fue descrito y estudiado por el doctor Antonio Guijarro Morales, cardiólogo, profesor de la Universidad de Granada, en el libro de igual nombre.
En su obra, el autor reseña e ilustra con varios ejemplos reales esta forma de enfermedad "frecuente y grave, potencialmente mortal".
Lamentablemente, este síndrome es habitual en muchas sociedades, constituyendo una de las más extendidas pandemias sufridas por las mujeres en el siglo XXI.
Y es un hecho que en cada familia hay, hubo o habrá una abuela esclava, por lo menos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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