No obstante, esta situación ha disminuido en nuestra sociedad, principalmente por la situación económica que afecta sobre todo a las clases medias y a la destacada participación femenina dentro del mercado laboral, realidades que algunos hombres afrontan con criterio.
Esa cultura patriarcal que prevalece más bien en las áreas rurales, se ha desvanecido en el entorno urbano, dando paso a la compatibilidad y aceptación de que en algunos casos la mujer gane más dinero que el hombre.
Y es que, el tener que compartir gastos dentro del hogar, la independencia de la mujer y la taza de desempleo, son los aspectos socioculturales y económicos que han hecho que las parejas de hoy acepten diferencia salarial que pueda existir entre ellos, apuntó el psicólogo Eduardo Espino.
"A pesar de que hay un segmento de hombres que han sido educados para ser el principal proveedor dentro del círculo familiar, existe la necesidad de hacer frente a una diferencia salarial, comparada con la de su esposa", agregó.
Ernesto Solano, docente de 34 años, señaló que su esposa, quien es dentista, gana el doble de lo que el obtiene por su trabajo. Sin embargo, ésto no ha sido un motivo para diferir en algunos parámetros dentro de la relación.
"Nosotros mantuvimos cinco años de noviazgo y al momento de tomar la decisión de casarnos, fue un tema que tratamos con claridad y comprensión, sobre todo por el hecho de que ella aún no estaba trabajando, pero con la convicción de que la carrera que estudió, es mejor remunerada que la mía".
En esta pareja, la organización y el respeto al rol que cada uno desempeña, han sido la clave para no crear una competencia con respecto a sus méritos profesionales y económicos.
El mercado laboral es tan cambiante, que también se dan casos en el que el esposo no tiene trabajo y la esposa se convierte en el eje monetario del hogar, lo que provoca tensión y estrés para él.
Esto se traduce en una predisposición psicológica y biológica, pues las hormonas masculinas tienden a promover una conducta que lleva al hombre a ser más proclive a salir de la casa para involucrarse en actividades en las que obtenga remuneración económica y llevar el sustento familiar, según el especialista.
Tal es el caso de Reynaldo Martín, joven de 28 años, quien está casado y quedó sin empleo hace más de un año. "Ver a mi esposa con toda la carga del hogar y mi condición de desempleado me encerraron en una amargura que ni yo mismo podía controlar".
Al cabo de un año y tres meses, Reynaldo consiguió un empleo, pero con menor remuneración salarial de la que obtenía en el anterior. "Ahora estamos trabajando los dos, pero ella gana más que yo, y la verdad es que no tengo el menor problema de que esto sea así, pues siempre estuvimos de acuerdo en que compartiríamos los gastos de la casa, pero como hombre, soy yo el que afronto más responsabilidades.
Por otro lado, en la etapa del noviazgo, cuando se presentan estas situaciones y es la mujer quien gana más dinero, el hombre no reacciona en cierta forma porque no está siendo afectado directamente. Pero es cuando conviven juntos y en la mayoría de los casos, con la llegada de los hijos, que posiblemente puedan desarrollar una actitud negativa.
En términos generales, Espino asegura que cada caso será afrontado según el criterio de cada cual, pero es necesario establecer prioridades como el trazar las metas familiares, en qué tipo de vivienda querrán convivir y que estatus de vida llevarán.
En Panamá existen sueldos altos para las mujeres, pero comparados con los de un hombre, ellas reciben un 20% menos por el mismo trabajo.
Esto obedece a que las empresas en nuestro país ven a las mujeres como posibles desertoras de los puestos laborales, por cuanto tienen en cierto momento la necesidad de encarar responsabilidades de maternidad.
Sin embargo, una de cada cuatro mujeres gana más que su esposo en países como Estados Unidos.
Este hecho está mermando las relaciones y todo se reduce a expectativas irracionales sobre el ejercicio del poder en la relación.
Si se diera el caso de que el hombre se siente inferior ante la condición profesional y económica de su esposa, en primer lugar debe reconocer el problema y afrontarlo a través de una terapia de pareja. De allí, un profesional revelará que tipo de conflicto tiene, ya sea emocionales o problemas de personalidad.
En algunas circunstancias, pueden existir problemas de autoestima, que llevan a su vez a conductas inadecuadas como actos de violencia.