La toxina botulínica de Tipo A, más conocida como Bótox -marca comercial de la registrada por la empresa Allergan-, se ha convertido en el gran aliado de los cirujanos en la lucha contra el envejecimiento. Sin embargo, cada vez son más los estudios que lo enfocan hacia nuevos usos.
El Bótox se ha empleado, entre otras cosas, para combatir la sudoración excesiva en personas que sufren hiperhidrosis -aplicándolo en axilas, manos y pies-, e incluso se para solucionar el dolor de pies en aquellas mujeres que usan tacones a diario. Ahora, una investigación germano-suiza publicada en 'Journal of Psychiatric Research', abre una nueva vía y señala que esta sustancia puede actuar contra la depresión.
Un grupo de investigadores procedentes de Hannover y Basilea pusieron en marcha un estudio en el que participaron 30 personas diagnosticadas con depresión. De ellas, ninguna había respondido a los tratamientos tradicionales contra la enfermedad.
Para ver los efectos que la toxina botulínica puede tener sobre los pacientes con depresión, a la mitad del grupo se le inyectó esta sustancia en la frente, y a la otra mitad un suero inocuo. Según la facultad de Medicina de Hannover, dos semanas después, en los 15 pacientes que habían sido inyectados con Botox la depresión había remitido.