En las horas de desesperación, desolación y en que al individuo le pareciera que el mundo se le desmorona, se acuerda de Dios.
Dios,afortunadamente, siempre vela por sus hijos e hijas. Ayuda a llevar la carga pesada de las tribulaciones. En medio de nubarrones hace salir un arco iris de esperanzas. No hay noche eterna si se camina de la mano con El.
Cuando en las tinieblas hace falta un apoyo para encontrar la luz, allí está Dios, con su antorcha que ilumina el sendero. Cuando se tropieza y se cae, es El quien brinda su mano amiga, que sirve de soporte para echar a andar, otra vez.
Busquemos pues, refugio en la oración, que es como agua fresca para el sediento, como bálsamo en el alma sufriente. Dios no falla. El siempre escucha, está atento a nuestro sentir, a nuestras necesidades y como PADRE AMOROSO, responde. Pero, en la oración también está la guía para ser merecedores de SU GRACIA. Hay enseñanzas, hay un cúmulo de situaciones que nos permiten descubrir que la templanza, la fe, el vivir en concordia con El son premiados con creces por quien mejor nos conoce y más nos ama. Por todas las bendiciones con que nos regala, nuestra gratitud y diálogo con EL deben ser cotidianos y la fe anidar en nosotros/as siempre. No esperar a las vicisitudes, a las angustias para darle cabida en nuestra vida.
Como vemos, no se justifica el esperar a cuando todo se torna difícil para acordarse de que existe, de su poder y de su misericordia infinita. Así como su amor hacia nosotros es permanente, deberíamos tomarle en cuenta constantemente. También, tener la fe suficiente para confiarle nuestra vida. Nadie mejor que El sabe lo que nos conviene. No hay mejor brújula. Todo momento es oportuno para orar, EL está accesible, el que le busca le halla, estuvo antes de cualquier invento hecho por la humanidad, previo a la era de la informática, antes de que se inventaran el Internet, de que hubiera correo electrónico... está ahora y estará por todos los tiempos.