Doscientos cincuenta bailarines y bailarinas fueron a la audición. Cien fueron seleccionados para dar vida, otra vez, a Don Quijote , el melifluo hombre que cabalgaba por los caminos de Dios acompañado de su fiel amigo y escudero Sancho Panza, en busca de “entuertos” para enderezarlos y soñando siempre con su Dulcinea.
Don Quijote, que en medio de su “locura” temporal decía tantas verdades.

La noche de este lunes, las luces del Teatro Nacional se encendieron para dar paso a un centenar de bailarinas y bailarines de Panamá (97) y Cuba que brindaron un espectáculo extraordinario, hermanados por la danza, con la dirección artística del gran maestro Pedro Martín Boza y con Romel Frometa en calidad de Bailarín Invitado.
La presentación superó las expectativas. Todo, la coreografía, el sonido, el vestuario y la escenografía (estos dos últimos a cargo de Carlos Amador Acosta).

La gente llegó puntual a la cita. El Teatro Nacional estaba lleno. Abundaron los aplausos de un entusiasta público que disfrutó la velada, donde triunfó el amor de Kitri y Basilio, cuando Lorenzo, el padre de ella acepta la relación.
El Ballet se basa en el capítulo XIX del segundo libro de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra cumbre del español y universal Miguel de Cervantes Saavedra, conocido también como “El manco de Lepanto”.
Todas las bailarinas parecían un hermoso ramillete de flores, artistas vestidas con bello ropaje que danzaban armoniosamente, y con tímida coquetería se movían según la coreografía por el escenario.
Sedujeron con su arte a los espectadores. En especial, Manuela Isabel Navarro Vallarino (Kitri, la hija del posadero), Tamara Mudarra (Mercedes) y Carla Barsallo (Mercedes) la cual, con su gracil figura, talento y donaire capturó las miradas del público, cuando danzaba.
No menos impresionante fue el desempeño de los bailarines que interpretaron a Basilio, el barbero: Romel Frometa (Cuba) y Solieh Samudio (Primera figura del Ballet Nacional de Panamá).