ENTRE, música y festejos, limpiezas de calles y avenidas, e instalación de puestos de ventas de banderitas, festones tricolores, retratos de los héroes de la independencia, sombreros, escudos y toda clase de productos que recuerdan las gestas de septiembre, los mexicanos daban los primeros indicios de la conmemoración del mes de la Patria para celebrar su 197 aniversario.
La primera vez que México celebró el Grito de la Independencia, fue el 16 de septiembre de 1812, es decir, cuando aún se estaba en plena lucha en Huichapan, don Ignacio López Rayón, celebró tan importante fecha, en un acto que registró en su diario de operaciones militares. Ese mismo día, con una descarga de artillería y vuelta general de esquirlas, comenzó a solemnizarse en el alba, el glorioso recuerdo del grito de libertad.
El objetivo de dicha celebración era de preservar el recuerdo del día en que se inició el movimiento libertario y el reconocimiento a sus iniciadores. A partir de entonces, México celebra en todos los rincones del territorio nacional, el 16 de septiembre como fiesta patria, exceptuando el año de 1847 en que México estaba invadido por los norteamericanos.
La ceremonia del grito se realiza en todas las delegaciones del Distrito Federal, como una réplica de lo que acontece en el Zócalo, pero es en éste último en donde la gente se agolpa para participar en la fiesta popular más importante de México.
Como anfitriones de la XXIV edición del viaje de Fiestas Patrias, la Secretaría de Turismo del Distrito Federal, encabezada por la licenciada Alejandra Barrales; el Consejo de Promoción Turística de México, Mexicana de Aviación y la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México, y en especial el Hotel Misión Reforma, dieron la bienvenida a todos los agentes de viajes, periodistas y tour-operadores provenientes de Centro y Sudamérica, Canadá, Asia y Estados Unidos.
Tuvimos la oportunidad de conocer el Museo Antropológico, uno de los más grandes del mundo, el Centro Histórico, el Palacio Nacional, el Templo Mayor, la Catedral, el Lienzo Charro de Constituyentes en el que disfrutamos de una cena y espectáculo de Charrería. Además de un recorrido por la Plaza Cibeles a Cuicuilco, abordo del turibus, y un recorrido en trajinera por los canales del Centro Turístico Michmani. Así como también disfrutamos de desayunos, almuerzos y cenas patrocinados por el Estado de Oaxaca, Riviera Nayarit y el Estado de México.
Mientras esto nos sucedía, los mexicanos se preparaban para tal solemne acto.
Las puertas y ventanas de las casas, lo mismo que los vehículos que transitaban por las calles estaban decorados con motivos mexicanos, básicamente con banderas y festones tricolores.
Por las noches se podía apreciar la ciudad iluminada con millares de luces, también tricolores y en el zócalo y las plazoletas de las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal, en paneles luminosos, destacando los rostros de los héroes de la independencia. Así como los símbolos patrios y/o la campana de Dolores, invitando a la conmemoración patriótica.
En el reconocido parque de Chapultepec, en el Zócalo y sus alrededores, a tempranas horas los puestos de ventas abrían sus puertas para ofrecer al público sus artesanías, entre las que se destacaban las espadas de madera, los cascos militares hechos de cartón, los silbatos, los espanta suegras, entre otros atractivos recuerdos, como un preludio de la fiesta de colores que se daría en la noche del 15 de septiembre.
La introducción del grito en la noche del 15 de septiembre empezó a registrarse a mediados del siglo XIX, es por ello que el mes de septiembre, tradicionalmente ha sido considerado como el mes de la Patria.
Los hoteles, restaurantes y centros nocturnos preparaban grandes sorpresas para la noche mexicana, como interesantes paquetes y descuentos, que harían de ese día una inolvidable velada.
En el ámbito cultural en otras ciudades, los turistas pudieron disfrutar presentaciones de la Orquesta Filarmónica de Acapulco, que desde el 7 de septiembre inicio una serie de conciertos que terminarán el día 21 de este mes.
El tan esperado momento llegó, mientras nos encontrábamos en un salón de unos de los más lujosos hoteles de la Ciudad de México, y a través de una pantalla gigante seguimos muy de cerca lo que acontecía en el Zócalo. Cuando el reloj de la Catedral Metropolitana marcó las once de la noche, inició el estruendoso toque de campanas, mientras que en el balcón presidencial del Palacio Nacional, se dejaba ver empuñando la enseña nacional, el Presidente de la República mexicana, Felipe Calderón, acompañado por su esposa.
El Zócalo, una de la más grande plaza con la que cuenta México, permitió la reunión multitudinaria de nacionales y extranjeros, quienes en medio de la algarabía, disfrutaron de la música del mariachi, orquestas o la de cualquier otro grupo vernáculo.
Cada rincón de M'e9xico habla de su historia de lucha
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