A mediados del verano de 1995 un Mercedes de 1978 corre a toda velocidad por la autopista, hacia el oeste. Viajan en él Ann August (Natalie Portman), de 14 años y su madre Adele (Susan Sarandon).
Contra su voluntad Ann está siendo trasladada a Berverly Hills donde Adele, cansada de la vida en la pequeña ciudad de Bay City, Wisconsin, espera convertir sus sueños en realidad.
Ann está furiosa por tener que abandonar la vida que ella ama. Adela está cansada de defenderse contra las críticas de su hija hacia la casa y la familia y siente que está alejando a Ann de una vida sin futuro y ofreciéndole un porvenir prometedor.
Su primera parada en Los Angeles es en el Hotel Beverly Hills, el símbolo de la búsqueda de Adele, desde donde parten hacia un motel y hacia lo que sería su verdadera vida real, comida corriente y un ordinario apartamento de una recámara en Beverly Hills.
Durante los dos próximos años, Ann y Adele se adaptan a la vida en Los Angeles. Su relación es estrecha, pero siempre volátil. Adela permanece como observadora, siempre deseando más. Ann es realista, velas cosas como son, algunas veces hasta parece más ser la madre que la hija.
Juntas, madre e hija están en un viaje de descubrimiento: de nuevas posibilidades, de sus respectivos sueños y de una a la otra.