Variedades

Carlos Páez Vilaró, una vida dedicada al arte


Apoyado sobre una baranda de madera y con los ojos fijos en el mar, el artista uruguayo acomoda su cabello encanecido con un suave toque de sus manos, las que por 50 años han convertido en coloridas pinturas el blanco lienzo.
Es Carlos Páez Vilaró, el pintor y escultor que buscando revivir en el arte la esencia de la raza negra recorrió Africa en sus años mozos, el marinero, el creador prolífico, el padre que cruzó los cielos para recuperar a su hijo perdido durante tres meses en los Andes tras un accidente aéreo.
"Fue naturalmente que creció en mí el amor por el arte. Autodidacta, traté de alcanzarlo zambulléndome en el océano sin saber nadar. Hace medio siglo de esto y aún sigo braceando", dijo Páez Vilaró en una entrevista con Reuters.
Desde entonces ha recibido múltiples distinciones, y sus obras decoran aeropuertos, centros de convenciones y hoteles de todo el mundo.
MUJRES Y CANDOMBE
Páez Vilaró nació en 1923 en Montevideo, la capital uruguaya. Sus primeros años de vida transcurrieron en el conventillo en el que vivía con sus padres y sus dos hermanos, y donde esbozó sus primeros garabatos.
Tenía sólo siete años cuando viajó por primera vez a la costa uruguaya y su alma quedó anclada en las rocas de Punta Ballena, a unos 100 kilómetros de Montevideo, donde se afincaría para siempre.
Pero fue en su juventud, mientras trabajaba en un taller de impresión en Buenos Aires, cuando tomó el pincel con mano segura y comenzó a llenar el blanco con vivos colores.
Desde entonces, la mujer y la raza negra han sido una constante en su obra, junto con los elementos de la naturaleza.
"La mujer y el sol han sido siempre mis motores auxiliares en la búsqueda del arte. Los temas referentes a la negritud, su vida, su arte, su folklore, han sido la fuente inspiradora de mis primeros pasos en la pintura", recordó el artista.
Su amor por la raza negra también fue la musa para su incursión en la música, a la que le regaló varias letras de candombe, el hijo latino de los ritmos africanos.
"TALLER HABITABLE"
"Casapueblo es una de las frases de mi pasión creativa, la que comencé a escribir hace 40 años y aún me faltan palabras para darle fin", dijo el artista, que aún le pide perdón a la arquitectura por crear "con manos de hornero" su blanca posada, que desde los 50 reposa en un acantilado rocoso uruguaya.
La casa, característica por sus líneas curvas, sus escaleras laberínticas y sus azules piscinas, es su "taller habitable".
Desde las terrazas de ese remanso alzó su vista al cielo cada noche pidiendo un milagro cuando en 1972 el avión en el que viajaba su hijo Carlos Miguel cayó en los Andes.
La luna le respondió que aún estaba vivo, y que debía buscarlo. Lo encontró días antes de la Navidad, gracias a la ayuda de adivinos, pilotos de helicóptero, y de Dios.
"Es indescriptible la felicidad que tuve al reencontrarme con mi hijo (...) luego de una búsqueda dramática que duró casi tres meses", dijo.
NAVEGANTE DE SIETE MARES
Casapueblo era todavía un sueño a medias cuando decidió embarcarse a la aventura.
Desde ese puerto, al que ha vuelto cada vez, llegó a Raiatea, Tonga, Fidji, Tahití, el Congo, Camerún.Viajó en barcos, aviones, trenes de carga, dromedarios. Contrajo malaria, pintó bajo los ardientes rayos del sol africano y se asentó en medio de la selva para inspirarse.
"Muchos países sellaron mi pasaporte y con muchos murales sellé mi pasaje por ellos, dejando testimonio de mi color.El viaje es mi excusa para renovarme.Luego del viaje, volcar sobre el bastidor en blanco el color de las experiencias vividas", dijo Páez Vilaró.
Siguiendo su espíritu inquieto se atrevió a explorar el mundo del cine, filmando a bordo de su barco una película sin guión sostenida por la imagen y la música del compositor argentino Astor Piazzolla.
De aquellas cruzadas conserva el orgullo de que su filme fuera presentado por Brigitte Bardot en el Festival de Cannes, y la nostalgia de haber estrechado la mano de dos hombres únicos.
Estas fueron, según dijo, "las de Pablo Picasso, inquietas visitantes de todas las artes, y las de Albert Schweitzer, productoras de música para calmar el dolor".
SELLO UNICO
Si algo ha logrado Páez Vilaró es imprimirle a sus obras un sello único, lograr que quienes se enfrentan a ella la reconozcan como suya, aun cuando no vean su firma.
A pesar de los premios, las consagraciones, y su ubicación de preferencia entre los artistas latinos contemporáneos, Páez Vilaró conserva la humildad y la ingenuidad de su infancia.
"Si en la muerte las obras realizadas logran la consideración de los expertos, podrán recibir el pasaporte para el cruce de las épocas.
"Reconozco que, montado en sus obras, el artista tiene chances de ser recordado.Pero esa recordación sólo existirá mientras el cuadro sobreviva gracias al amor del restaurador", expresó.
Como testigo de su alma creadora quedarán en Washington sus murales de la Universidad de Georgetown y de la sede de la OEA, y en el aeropuerto panameño de Tocúmen, y Casapueblo, esa pequeña aldea como hecha de miga de pan con sus puertas siempre abiertas invitando a disfrutar del arte.


fecha edicion
old id
16306
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América