En las regiones del interior de Panamá se caracteriza por la rivalidad de dos bandos, Calle Arriba y Calle Abajo; esta rivalidad es amistosa. Durante todo el año los dirigentes de ambas agrupaciones organizan toda clase de actividades en preparación.
Dicha conmemoración es catalogada como la más alegre, vistosa y concurrida; no tiene fecha específica.
Según nos comenta el profesor Edgardo De León Madariaga, en 1950 la celebración iniciaba el sábado de carnaval a eso de las 9:30 a.m., en horas de la mañana cuando los niños salían a tirar agua, gritar y correr de un lado a otro por los portales; de esta forma inician los culecos, en los cuales se tiraba agua y se pintaban solamente con añil.
Chicos y grandes se mezclaban y contagiaban con las tonadas folclóricas emitidas por los instrumentos de viento y percusión, para realzar las notas de los cantos, compuestos por versos jocosos y satíricos, sin herir la susceptibilidad de las personas. Las tunas eran acompañadas musicalmente por cornetas, redoblantes y acordeones, en la época del gobierno colombiano.
Salían las tunas durante los culecos, con su reina sobre los hombros realizando algunos recorridos por las calles principales del pueblo; desde los balcones y portales la gente le tiraba agua a la muchedumbre mientras parrandeaba; luego como a las 12:30 p.m. se dirigían a los toldos, donde se encontraban arreglados los tronos, llamados sede de la Majestad.
Finalizado el jolgorio del día, las personas se dispersaban para reunirse a las cinco de la tarde, en esta ocasión las reinas recorrían las calles en carros alegóricos, hasta las diez de la noche. Volvían entonces a sus tronos para dar inicio al baile típico hasta el amanecer. Esa era la rutina.
Durante los cuatro días. En la noche tenía lugar un deslumbrante espectáculo, donde las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo vuelven a recorrer las calles; en esta ocasión las reinas son paseadas en carros alegóricos, confeccionados por las hábiles manos de artistas panameños, quienes inspirados en variados motivos, ya sean folclóricos o temas de culturas legendarias, buscaban dar el toque elegante a los mismos.
El precio que tienen los vestuarios varía, pero gastan alrededor de 4,000 balboas en la confección de un traje para una reina, porque las labores son realizadas a mano.
Castro ya prepara puntada tras puntada, lentejuela tras lentejuela, las nuevas aplicaciones y tendencias para el carnaval del año siguiente.