En el interés de ayudar a adultos/as a reflexionar respecto a la relación que mantienen con los/las adolescentes, publicamos un artículo publicado por el Dr. Carlos Smith en la obra Cartas médicas para una vida saludable, editada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Queridos Edith y Carlos:
Tienen ustedes toda la razón: Quienes somos padres de adolescentes siempre tenemos más preguntas que respuestas, más temor a equivocarnos que a consultar, más tendencias a prohibír que a permitir que nuestros hijos crezcan y asuman sus propios riesgos, siempre con nuestro apoyo y comprensión. De modo que acepto la invitación que ambos me hicieron en la consulta, para redactarles las conclusiones más relevantes en cuanto a la orientación de sus hijos adolescentes: ¡La época de crisis en toda la familia!
Hablemos, pues, de los temas de conversación entre sus hijos y ustedes. Me decían la última vez con cierta ironía que de qué pueden hablarles a Enrique y a Paula que no lo hayan leído, escuchado o visto por la televisión. En parte, tienen razón: los jóvenes de ahora manejan mucha información, más de la que ustedes y yo tuvimos en nuestro tiempo. Aunque les resulte paradójico, de lo único que los medios de comunicación y sus círculos de amigos no pueden hablarle es de ustedes. ¡SI!, de ustedes.
Con esto quiero decirles que es importante, para comenzar, que compartan con sus hijos cuál es el origen de sus apellidos, tanto materno como paterno, cómo llegaron a la ciudad, en qué trabajan, cuáles son sus sueños profesionales y familiares, en qué colegios estudiaron, cómo eran de adolescentes, a qué jugaban, cómo se conocieron ustedes como pareja. Todos estos antecedentes son importantes, ya que, tal como dice un proverbio africano, "si no sabes de dónde vienes, mucho menos vas a saber a donde vas"-
Es muy importante que le den a sus hijos un claro sentido de pertenencia, es decir, explicarles que tienen un nombre y dos apellidos que los convierten en una persona única en el universo. ¡Esto les elevará sus autoestimas y su entusiasmo por vivir!
Por otra parte, es necesario que consideren siempre la comunicación entre ustedes y sus hijos como un ingrediente de uso diario, pero a la vez no se olviden del contacto físico. ¡SI, No se sorprendan por esto!
En nuestros países, la tendencia, sobre todo del padre, s que a medida que su hija crece tiende a abrazarla menos, o a evitar los contactos físicos, pues le parece que ya ha cumplido su labor. Lo mismo sucede con el hijo varón. La madre, a medida que va creciendo, tiende a mimarlo menos y a exigirle un comportamiento muy formal, y se olvida de que la afectividad, como seres humanos, la llevamos siempre con nosotros y en la adolescencia ésta se encuentra en pleno desarrollo.
Todas estas situaciones son las que van distanciando a los hijos del contacto físico con los padres y se olvidan de que ese contacto es muy importante, porque brinda seguridad, confianza y representa una extensión de la relación entre padres e hijos en el tiempo y en cualquier espacio.
Otro aspecto en el que quiero insistirles es en el error que comete la gran mayoría de los padres y madres de familia: La cultura de lo prohibido, en la cual más que fijar alternativas, encuentran más fácil o más seguro prohibir y sólo prohibir. A veces ocurre que se llegan a prohibir modas, modismos o frases que los muchachos copian de muchos sitios, porque les gustan y se sienten identificados con ellos.
En estos momentos hay una gran polémica en cientos de hogares panameños porque sus hijos varones usan aretes. Sucede lo mismo con los pantalones, excesivamente anchos, con las camisetas...muy grandes..., con las gorras..., colocadas al revés..., con los lentes... muy oscuros. Pero es que la adolescencia es así, un período en la vida de toda persona en la que se reclama el derecho a ser diferente y a tener su propio estilo. Una respuesta inteligente de nosotros los padres tal vez, sea la de no declararles una guerra frontal a estas situaciones. Por el contrario, hay que respetar y entender que la adolescencia es una época de tránsito, que pasará y no tenemos por qué prohibir, sino ser tolerantes. En la última consulta ustedes me insistían en que les daban a sus hijos todo lo mejor y que les preocupaba su futuro.
En este sentido, quiero recordarles que la principal línea de suministro con los hijos es el afectivo; es decir, los abrazos, las caricias, los buenos ejemplos, la fe, la práctica de los valores, tanto dentro como fuera del hogar, nuestras ideas sobre la sociedad, sobre la vida. Lo importante en esta línea de suministrar es nuestra capacidad para dar y recibir suministros.
En tal sentido, es válido preguntarnos qué actividades realizamos juntos, cuántas veces a la semana vemos televisión juntos, compartimos una cena o un desayuno, qué hacemos juntos los fines de semana, cómo anda nuestra espiritualidad, a qué amistades visitamos, y quiénes nos visitan regularmente a casa. Como ves, hay muchas posibilidades para que los padres se mantengan en contacto con sus hijos.
La otra línea de suministro es la efectiva: es decir, lo material: dotación de ropa, zapatos, alimentación, casa, salud. En esa línea también se incluye la escuela, la recreación y otras necesidades materiales.
Quiero repetirles, una vez más, que los suministros materiales deben darse en función de nuestros propios recursos. Sin embargo, me preocupa que muchas familias se exceden y proclaman: "Voy a darles a mis hijos todo lo que yo no tuve", o bien "les voy a dar todo lo mejor". Y para ellos lo mejor es darles ropa de marca, matricularlos en el mejor colegio, permitirles todos los consumos posibles. Pero lo sorprendente de todo esto es que muchos padres no son conscientes de sus limitaciones para dar afecto, algunos porque no lo recibieron, otros porque no lo consideran importante. ¿Resultados? Los padres se afanan en trabajar, cada vez más, para poder dar a sus hijos las cosas materiales que, según su criterio, son la mejor prueba de cariño.
Es frecuente, entonces, que los jóvenes reciban tan sólo cosas materiales, y muy pocas en el plano afectivo. Sucede que su personalidad se desarrolla desbalanceada con trastornos de conducta, los cuales a juicio de los padres no tienen explicación lógica y, entonces, se pregunta: ¿Por qué a mi hijo le sucede esto, si a él no le falta nada? La respuesta bien puede encontrarse en esa etapa de desarrollo y una falta de equilibrio en la dotación de cosas materiales y su espiritualidad.
El mundo ha cambiado, amigos míos. El gran desarrollo científico- tecnológico y la globalización nos producen muchas paradojas. Una de las más frecuentes es que a medida que crece el desarrollo tecnológico, crece simultáneamente la sociedad violenta, se incrementa el uso de las drogas, proliferan las enfermedades, el mundo se moderniza y a la vez se automatiza.
Sucede que este desarrollo tecnológico acerca a las personas cada vez más a sus máquinas, pero, a la vez, los separa de su familia, de sus amistades. Hay familias en las que sus miembros pasan más tiempo frente a la computadora, el Internet, la televisión, su celular. En cambio, nunca tienen tiempo para dar un buen abrazo a sus hijos, decirle un piropo a la esposa, felicitar a una hija por algún logro, por pequeño que sea. No quiero que interpreten mis reflexiones como que me opongo al desarrollo tecnológico. De ninguna manera. Lo que sí tengo bien claro es que si el auge tecnológico menoscaba nuestra capacidad de seres pensantes, seres de sentimientos, estamos sacrificando algo que puede ser muy difícil de recuperar más tarde en la vida. Me preguntan ustedes, como el resto de los padres que acuden a mi consultorio, cuál es la mejor forma de educar a los hijos. La respuesta sigue siendo la misma: ¡El ejemplo!
Recuerden ustedes que ser padres, sobre todo en esta época, es un gran compromiso, porque la regla elemental indica que la primera fuente de conocimiento lo adquieren nuestros hijos a través de la imitación, de lo que observan en el medio familiar y siempre surgirán las consecuencias negativas o positivas. Yo les pregunto ahora: ¿qué responsabilidades tienen sus hijos en casa? Nada hay más perjudicial que acostumbrar a nuestros hijos a que sólo tienen derechos y nunca deberes. Les propongo en este sentido que vayan inculcándoles ciertos niveles progresivos de responsabilidades, que moldeen su carácter y les den un sentido de compromiso intrafamiliar y social. En vez de ordenarles con tono autoritario, ¿qué tal si mejor lo invitas a participar contigo en muchas cosas? Por ejemplo, en vez de ordenarle que lave los platos, invítalo a que él los lava y tú los secas. Si tienes lavadora, dile que restriegue su ropa antes de lavarla, sacar la basura doméstica, barrer y trapear su propio cuarto, en fin, dentro de la casa existe una serie de compromisos que los jóvenes pueden y deben hacer. De lo contrario, no te extrañes si el día de mañana tu hijo esclaviza a su esposa con los quehaceres domésticos, o tu hija es "cuestionada violentamente" por su esposo autoritario.
Ahora reflexionemos sobre otro tema polémico: la disciplina, esa palabra que significa obedecer, aprender a responder satisfactoriamente las indicaciones que surgen en la vida diaria. En tal sentido, pienso que los niños y niñas tienen derecho y, hasta tanto no aceptemos que esos derechos son importantes en sus vidas para el logro de una personalidad equilibrada, no podemos hablar de deberes. Sin embargo, aunque nos resulte extraño, no hay criterios unificados sobre el tema. Les pregunto: ¿Qué significa portarse bien? Las respuestas suelen ser tan distintas entre una familia y otra y producen muchas confusiones. Para muchos padres la disciplina significa únicamente castigar físicamente o "DOMESTICAR" a sus hijos, como si se tratara de fieras de la selva.
Recuerden que los seres humanos contamos con el raciocinio y con los valores que son sentimientos y nuestras emociones. Por ahí es que hay que trabajar. De ahí que cuando escuché la campaña social que dice: "Ni golpes que duelan ni palabras que hieran", la aplaudí por completo. Todos los golpes que reciben las personas producen mermas; es decir, se disminuye el cariño hacia quien los da. Es muy triste escuchar a muchas personas que se vanaglorian y se sienten muy orgullosos con las tundas o castigos corporales que recibieron en su infancia y piensan que esto "les templó su carácter". Realmente pienso que esto es la "santificación del palo":
Muchas personas atribuyen sus logros personales o profesionales a los severos castigos que recibieron en su niñez o en su adolescencia. ¡Qué equivocados están! En este sentido, pienso que a los niños no se les debe golpear por ningún motivo. Esa no es la opción para educar a nadie. Eso no es disciplina. Eso es la cultura del palo.
¿Cuántos niños o adolescentes quedan marcados físicamente o emocionalmente de por vida por los severos castigos que recibieron de sus padres en nombre de la disciplina? Se asombrarán ustedes de las estadísticas, y más se asombrarían si escucharan a los adolescentes opinar acerca de los castigos recibidos.
Por favor, no interpreten mis palabras como que soy defensor del lesseferismo; es decir, dejar hacer, dejar pasar. Nada de eso; por el contrario, pienso que la mejor fórmula de educar sigue siendo el diálogo permanente, permitir que nuestros hijos opinen, participen de los rituales del hogar, y, sobre todo, tengan responsabilidades crecientes dentro de él. Estamos educando ciudadanos, no máquinas o seres insensibles.
Tengan siempre presente ustedes que el camino recorrido por nuestros hijos, desde que nacen hasta que llegan a la vida adulta, tiene una importancia clave, traumática a veces o satisfactoria otras. Pero no hay posibilidades de "neutralidad" o de espacios en blanco. En tal sentido, en la adolescencia resulta crítico aprender a no lastimar la autoestima de los jóvenes. Ellos son muy sensibles a toda comparación, a las humillaciones o regaños en público, o a l que llamamos en buen panameño, "sacaliñar".
Recuerda, no compares a tus hijos con nadie. Ellos y ellas tienen sus propias características que van a moldear su personalidad. Compararlos es grave, pero resulta tan frecuente escuchar: "En mis tiempos las cosas no eran así". Es saludable que les hables de ti, pero no es inteligente exigirles que sean como fuiste tú. Recuerda que ellos responden a otra época, a otros valores, a otras posibilidades.
Debemos convencernos de que pese a las enormes posibilidades de la tecnología y de la ciencia, ser padre o madre es una de las tareas más difíciles y es a tiempo completo, los siete días de la semana, por todo el año y para toda la vida. No importa si te divorcias o ustedes decidan separarse, tus hijos seguirán siendo tus hijos.
Queridos amigos de siempre, como padres nos enfrentamos hoy día a todo tipo de competencias desleales, que van desde los equipos de sonido, hasta las expresiones pornográficas, las posibilidades que sugieren las pantallas de las computadoras, todos estos equipos pueden ser aliados si tú estás presente orientando a tus hijos para que lo usen de forma inteligente.
Los retos de los padres y las madres de finales de siglo XX son difíciles aunque resulte paradójico. Lo más importante es que "le vendan" a sus hijos la posibilidad de que desarrollen un adecuado proyecto de vida. Guíenlos, dialoguen con ellos, todos los días, no sólo los fines de semana. No los presiones, proporciónales espacio para que expresen sus habilidades, descubren sus talentos. Como padres, siempre estamos cumpliendo con nuestros deberes y recordemos que ellos no nos pidieron venir al mundo.